En cada rincón...un submundo...

sábado, 11 de febrero de 2017

Un buen recibimiento...

No sé si os pasa a todos, pero tras una semana sin correrme, con la tensión de un nuevo comienzo y después de una aboragíne previa de sexo y masturbación, esta semana estaba apunto de subirme por las paredes. Quizá sea rara, pero soy incapaz de pasar más de 10 días sin un orgasmo en condiciones, aunque por supuesto no siempre se den las circunstancias adecuadas.

Recuerdo muy bien aquello de no metas la polla en la hoya o algo así, bueno, he mentido, obviamente no lo recuerdo bien, pero como yo no tengo polla, al menos como apéndice de mi cuerpo, tampoco le dí mucha importancia. 

Sabía que él me deseaba, de hecho es algo habitual, y no es porque físicamente yo sea una bomba, soy bastante corriente como os he dicho otras veces, pero como también he dicho, creo que la parte más sexual de las personas no reside en su cuerpo, ni siquiera en su sexo, sino en su cerebro, y ahí sí que debo ser diferente a las demás. Nos habíamos observado varias veces, incluso nos habíamos presentado sin necesidad de coincidir. Tal vez sea por ésa habilidad de los que emanamos apetito sexual, pero él me excitaba, y por la forma en que su entrepierna palpitaba cuándo estábamos cerca, era algo mutuo.

No podía más, proceso cerrado y ganas de follar a mansalva. Salí del despacho y allí estaba él. Me dio la enhorabuena por mi logro profesional. Asentí levemente, mientras me mordía el labio inferior, con una caída de ojos digna de un perra en celo y es que en éso de transmitir mis ganas, soy la mejor, además de en otras muchas cosas. Te mordiste el labio de forma inmediata, antes de que me acercase a tu oreja y te invitase a una cerveza, cuándo acabases tu jornada laboral. A mí aun me quedaban unos días para empezarla, pero no pensaba quedarme sola ésa noche. 

La verdad es que no sabía nada de ti, y ni se me había ocurrido pensar que los casados también desean, aunque no quieran follar; y la verdad es que tampoco me importaba, tu forma de mirar era la propia de un follador nato, y lo demás por cínico que resulte decirlo,  me daba igual, no pensaba casarme contigo.

Asentiste; no pude evitar desviar mi mirada a tu entrepierna, justo antes de marcharme con un "te espero abajo". Sabía como tus ojos se habían clavado en mi trasero, que llevaba embutido en un vestido negro ajustado, justo hasta mi rodilla y que quedaba espectacular, con las curvas de mi cuerpo y mustang negros de tacón alto. 

En el bar me pedí una caña, e intenté relajarme. No por tener dudas, de si ibas a ser mi presa este jueves, sino por la semana de infarto que llevaba. No tardaste más de 20 minutos en cruzar la puerta de la cervecería y caminaste decidido a mi encuentro. Ésa seguridad en ti mismo, es la prueba misma de que no me equivocaba en tu capacidad follar. Tus ojos verdes, clavados en los míos y tu manera de caminar, con ése pantalón y esa camisa entreabierta, que hacían juego perfecto con tu piel morena, me ponían tan caliente que tenía que contraer los muslos para no abalanzarme a tu cuello, al menos antes de tantear el terreno, no suelo equivocarme, pero tampoco me gusta hacerlo.

Te pedí una caña, sin preguntarte, estaba tan cachonda, que no iba a haber miramientos. Una conversación rápida, sobre la empresa, sobre mi capacidad, sobre mi posible cambio de domicilio y tu experiencia en ella, fueron los preliminares. Tus ojos miraban mis pechos, los míos tu entrepierna y mi dedo índice recorría tu torso, a la vez que tus manos se apoyaban sobre mis piernas, abiertas ligeramente ante la atención de tu mirada; eran las pruebas que necesitaba para confirmar que mi criterio, tras una semana sin sexo era certero.

Los que me conocéis sabéis que no soy de medias tintas, soy de blancos o de negros. Me acerqué a ti, mientras contenías la respiración y te susurré que mi hotel estaba aquí al lado, y que si seguíamos la conversación desde allí. Dejaste 10€ en la barra, y sin preguntar por la cuenta, me cogiste la mano y me llevaste hacia la puerta. Allí yo marqué el camino, mientras de la mano caminábamos hablando del tiempo y lo que me gustaba la zona costera.

Entramos en el hotel, con la única interrupción de solicitar mi tarjeta en recepción. Subimos al ascensor aun de la mano. Antes de que las puertas se cerrasen te colocaste frente a mí, y agarrándome fuerte por la espalda, abalazaste tu boca sobre la mía. No puedo negar que me moría por comerte la boca y lo que no es la boca, desde el mismo momento que me crucé contigo. 


Nos devoramos, de forma inconstante y ansiosa. Tus manos, recogieron mi vestido a la altura de mi cadera, mientras nos barríamos con la lengua. Nuestras babas, acentuadas por nuestra respiración acelerada y excitada, se fundían entre el hueco de nuestros labios. Comernos era poco, para lo que estábamos viviendo. Las puertas se abrieron. Me bajé el vestido y te dirigí hasta la 102. Metí la tarjeta, mientras tu erección me taladraba el trasero. Entramos a empujones en la habitación. 
Me giré frente a ti, solo para poder notar de nuevo el deseo también en tus ojos.

 Con un siéntate y un leve empujón, te senté en el sofá que acompañaba a la cama. Me arrodillé frente a ti, y comencé a desabrocharte ésa camisa, que tanto favorecía el moreno de tu piel. Desabroché el primer botón de tu pantalón, para evitar que semejante erección permaneciese presionada. Dejé caer un chorro de saliva sobre tu glande, para después lamerlo de manera suave. Echaste la cabeza atrás mientras ya me incorporaba. 

Me desabroché el vestido frente a ti dejándolo caer al suelo, sin quitarme los tacones. No llevaba sujetador. Me saqué el culotte negro de encaje antes que las medias de blonda que me quité después, justo al quitarme los zapatos. Agarrándote de las manos te invité a levantarte. De pie, desnuda frente a ti, comencé a comerte de nuevo la boca, me sabía a gloria, mientras liberaba tu erección, acariciando cada pliegue de tu rabo, duro, caliente, como a mi me gusta, y como yo sabía que sería. 


Tus manos, sujetándome el cuello, mantenían mi rostro fijo en el tuyo; hasta que lentamente, comenzaron a recorrer los perfiles de mi torso, parando primero en mis pechos. Posastes tus manos sobre mis tetas, acariciándolas suavemente, recreándote en mis pezones duros y rosados, excitados por y para ti. Desde ahí, las dirigiste a mi cintura, para después posarlas en mis nalgas. Yo no podía evitar disfrutar de los dobleces de tu falo, duro en cada caricia, y del modo en que tu boca me devoraba ante el juego de mis dedos entorno a ti.

Separando tu boca de la mía, te empujé de nuevo contra el sofá, liberándote del pantalón. De rodillas frente a ti, comencé a mimar como debía al juguete de mis dedos. Mis labios, anhelantes de más del sabor de ésa polla erguida para mí, comenzaron a jugar con tu cabeza. 


Entre mordiscos y caricias escondidas, mi boca succionaba tu sabor; a la vez que mis manos ansiosas de ti, jugueteaban con tu longitud. Jadeabas de tal forma que tus gemidos salían de la habitación. Agarrabas los brazos del sofá con firmeza, mientras yo me deleitaba con el sabor de tu glande en mi boca. 

Me incorporé despacio, y te conduje a sentarte en el suelo, junto al sofá. Me giré frente a ti, ante la atenta mirada de ojos perdidos, que solo el placer nos da a todos.  Coloqué mi pipa, y mi trasero a la altura de tu cara, y dejando caer mi cabeza sobre tu cuerpo, decidí terminar el trabajo que había empezado.


Mientras tu falo se tensaba entre las caricias de mis dedos y la ventosa de mis labios esparciendo tus dobleces, podía sentir como tus labios se apoderaban de mi coño. Tus manos apoyadas en el suelo, eran el único núcleo de realidad tangible, que iba más allá del placer que intentábamos darnos. Notabas como mi coño lubricada por momentos, a la vez que tu rabo concentraba más presión entre los surcos de tus venas. Gemías del gusto sobre mi sexo, y yo ahogaba gruñidos de placer sobre el tuyo. 

Apoyando tus manos sobre mi trasero me forzaste a girar sobre mí misma. Te subiste a la cama, sin dejar de mirarme extasiado. Adoraba sentirme así de poderosa. Me subí sobre ti, despacio y sin perder el contacto visual. Me coloqué sobre tu falo y me deje caer, gritando del gusto, mientras me abrías en canal para ti. Comencé a moverme entorno a tu empale, al ritmo que marcaban nuestros ojos. Los míos apuntando ahora al cielo y los tuyos a mi cara de placer y al vaivén de mis tetas.


Sin tocarme podía sentir las caricias de tus ganas, los surcos de tu placer dibujando pliegues en mi vagina contraída para acariciarte en cada viaje. Arriba y abajo, ahí, y más, gruñidos, jadeos y respiraciones entrecortadas, se sucedían entre el movimiento del colchón. Podía notar como tu rabo, duro acrecentaba tu tensión eterna, atento a cada uno de mis saltos sobre tu longitud. Sentías que estabamos cerca, ambos; y me detuviste, como buen follador. Me levantaste sobre tu rabo y lo sacaste de mí, húmedo y empapado de mis ganas. 

Serpenteaste sobre mi cuerpo, mientras yo me sujeté de rodillas y erguida, no sin cierta dificultad, por lo cachonda que estaba, sobre la cama. Colocaste tu rostro entre mis muslos y comenzaste a meterme, ahora no tu polla, sino tu lengua en la vagina. Grité del gusto al notar como tu aliento humedecía mi "mojado". Jadee al sentir como te recreabas en el sabor de mi coño. 


Podía sentir el roce de tu barba de dos días entre mis labios inferiores y como tu lengua y tu saliva me empapaba todavía más, volviéndome loca. Quizá estuvimos segundos, o tal vez horas, jugando con mi coño, con mi sexo y mi deseo. Tus manos abrazadas a mis piernas y tu lengua relamiendo mis paredes. Cada vez más juguetona, cada vez más rápido, me barrías por dentro. 

Sabías que estaba a punto, y te regustabas con mayor destreza. Mis rodillas no aguantaban y cada vez más, el peso de mi coño oscilaba más profundamente sobre tu cara. Podía notar como tu nariz se empapaba de mi olor, y como cada vez respirabas y penetrabas más en mí; hasta que me dejé caer sobre tu rostro, empapada, convulsa y extasiada, mojándote la cara de mi corrida, al tiempo que tu disfrutabas embebiéndote más de mí.

Cuándo recuperé el aliento me desplacé despacio sobre ti. Sin perder de vista la tersura de tu rabo. Me giré sobre tu cuerpo y comencé a restregar la humedad de mi coño sobre tu abdomen, a cuatro patas sobre tu torso. Me abría los labios rozando con tu piel y te mojaba. Tu cadera, apenas podía controlar los golpes inconscientes, buscando mi agujero. Me coloqué en el vértice, mirándote y sujetando tu cadera con los muslos. Sonreías de placer como yo lo hacía de gusto. Y volví a dejarme caer sobre tu falo. Mis movimientos fueron rápidos. Como los tuyos. Llegábamos a mi fondo, abriéndome con cada envite. Estabas  a tope y adoraba tenerte así.




Mis pechos rozaban tus labios ante cada nuevo baile de nuestros cuerpos sobre la cama. Tu rabo al fondo y mi vagina abierta a recibirte. Jadeos entrecortados y gruñidos de placer, entre los fluidos de rabo y coño y el sudor de dos pieles restregándose del gusto. Hasta que con un gruñido final, me empapaste de tu leche, sin dejar de moverte y de moverme en el mismo compás, alargando tu orgasmo y provocando de nuevo el mío, alrededor de tu polla. Arriba y abajo, cada vez más lento, bombeando sobre nuestras corridas, hasta que me dejé caer sobre ti.

Exhaustos permanecimos así, encajados, al menos media hora, respirando y sin mediar palabra. 
Confirmé que no me había equivocado, una de los mejores folladores que he conocido y además supe que este sería el preludio de una buena amistad... aquí también iba a necesitarlo...




21 comentarios:

  1. No se como voy a dormir la siesta... o no dormirla... vaya cuerpo se me ha puesto.

    Me encanta.

    Es delicioso y muy excitante leerte.

    Bs

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    1. Armando...lo de la siesta...a veces es mejor no dormirla siempre que el nuevo plan compense...espero te compensáse...
      Lo delicioso es contar contigo por aquí...
      Un beso¡

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    2. Es arnand...que lucha con el corrector¡¡¡¡

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    3. Llámame como quieras pero no dejes de escribir y provocar lo que provocas.

      Lo he releído... ¡Por Puro vicio!

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    4. Arnand...jajaja...mejor no te digo lo que me encantaria decirte aquí y ahora...mmmmm...
      Viciosillo...

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  2. Mmmmm pero qué rico lo cuentas imagino cómo tiene que haber sido en vivo y en directo... ¡sin palabras!

    Un placer leerte, Amando.

    Muakcsssss!!!!!

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    1. María Perlada...tu sin palabras??...no me lo creo...la verdad es que hay momentos que a bien que se cuenten no hay forma de contarlos tal cual...y este fue uno de ellos...
      El placer es tenerte aquí.. .
      Un beso gordo¡¡

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  3. El deseo no puede contenerse demasiado y cuando aflora la intensidad es manifiesta, las ganas tan guardadas. Un relato que percibo como un paso adelante en tu forma de escribir.

    Besos dulces para ti y dulce fin de semana.

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    1. Dulce...el deseo es deseo sin más...y lo que esté por debajo de ésa intensidad no lo es...seguro que estás desacuerdo conmigo....
      Yo también creo que he dado un giro en mi forma de escribir...y es que esta vez quería contarlo así.. .Y me ha gustado el resultado...
      Un beso gordo y buen domingo¡¡¡

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    2. De acuerdo queras decir. Sí, este relato en particular se nota un cambio, espero sigas en la buena senda.

      Un beso dulce para ti y dulce fin de semana.

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  4. ¿10 días? ...si supieras cuánto te comprendo Peque!

    ¿Te he dicho lo feliz que me hace leerte así? ...pues mucho.

    Besinos grandes, grandes.

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    1. Misthyka...si hija si...10 dias¡¡¡...seguro que me entiendes fenomenal...
      A mi si me hace feliz tenerte en mi casa...
      Un beso gigante ¡¡¡

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  5. Cuando la piel brama y palpita en deseo, sólo es cuestión de tiempo para que exude por cada poro en esa incontrolable sed ante aquel que sepa leer el lenguaje del cuerpo, de un gesto o mirada… Una excitante simbiosis de la lujuria de ambos en la que todos y cada uno de los sentidos se entregan al placer intenso…

    Maravilloso texto, mi querida Amando… Me gusta sentir(te) así, palpitante…llena de deseo, siendo y sintiendo desde ese latido puro y duro de la piel que gime…

    Bsoss y cariños gigantes, y muy feliz domingo! ♥

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  6. Gine...muchas gracias por tus palabras...a veces creo que el lenguaje corporal es tan explícito que es complicado no ver las señales de las que el propio receptor es efecto...
    Es el propio lenguaje de la comunicación..en este caso sexual...y directa...
    Gracias otra vez guapa...
    Un beso y feliz semana!

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  7. ¡Wow! ¿Y ahora qué puedo decir? Excitante, divertido, directo... en definitiva, un polvazo perfecto.

    No hay mejor forma de disfrutar de las situaciones que viviéndolas intensamente. La lujuria contenida que pronto explota sobre el cuerpo de la otra persona, acariciándola, besándola, recorriendo tu cuerpo con las manos mientras notas como se excita más y más. Desabrochar cremalleras, tirar ropa interior fuera de la cama...

    En definitiva, dos cuerpos ardientes deseosos el uno del otro donde cada momento es único, es perfecto, es sexual.

    Me ha encantado tu relato y me ha puesto cachondo como un tigre, como siempre me pasa cuando paso por tu blog.

    Besos.

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    1. Pecados...y tu cuándo no estás cachondo como un tigre?...;)

      No puede ser de otro modo cuando los dos estan a la misma altura y con el mismo interés por el placer...movidos por el mismo huracan de deseo descontrolado...de pasión...única...e irrepetible...siempre irrepetible...

      Cuando dos son capaces de jugar en la misma liga sexual...en la misma categoria...follar es solo cuestión de tiempo...porque de ganas va sobrado todo..

      Un besote!!

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  8. María Perlada tal vez se haya quedado sin palabras, pero te dejo un Mmm como comentario, que en ella es algo especial. Ante lo que no puedo ser indiferente.

    Como no puedo ser indiferente ante tu relato tan cargado de sexualidad, tan descriptivo del deseo.

    Besos.

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    1. Muchas gracias Demiurgo. La verdad que es una entrada que simplemente habla de deseo, del que se llama así en mayúsculas...
      Un besote!!

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  9. El deseo no se puede contener y nos arrastra a una vorágine de pasión que endulza la piel sin podernos resistir.

    El deseo y la pasión va subiendo con cada renglon de tu relato.

    Besos.

    Lunna.

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    1. Lunna...no sé si estoy deacuerdo contigo...creo que ya estaba arriba antes de comenzar con la entrada ;)...
      Muchas gracias por pasarte...
      Un beso gordo!!

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  10. Me vais a matar entre todas, el deseo recorre mi piel y esta entrada casi me hace estallar. Yo soy de las pocas raritas como tú que no puede estar sin una buena polla más de 10 días y a veces incluso menos, pobres de nosotras, chicas necesitadas de sexo.
    Aquí una fiel seguidora.
    Besos carnales.

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