En cada rincón...un submundo...

martes, 24 de enero de 2017

AL LÍMITE...

El sonido inesperado de la alarma del teléfono, me sacó de mi ensimismación frente a la pantalla del PC. Cuándo ví tu nombre en la pantalla, me quedé bloqueada unos segundos, entre las ganas de contestar y más de 1 año sin saber uno del otro, los sentimientos me golpeaban la cabeza, entre la necesidad de contestar y  de no hacerlo.

Sonreí y armada de valor le dí al verde. Un “hola” convencida de que sería un error, fue lo que alcancé a balbucear. Tú eres la persona que me introdujo en el “SEXO” el que se escribe con mayúsculas, y hacía ya mucho tiempo que no nos parábamos a disfrutar juntos. Recordé las noches de desenfreno y el enfoque en que tú me enseñaste que entre dos personas no hay límites ni éticos ni morales, más que los que las dos personas implicadas,  se plantean.

Contestaste rápidamente, seguro de ti mismo, convencido de lo que me estaba pasando por la cabeza; nunca cambiarías y yo lo sabía bien, desde el mismo día en que intercambiamos nuestro primer saludo.

-         -  “hola nena”

Boquiabierta, con el efecto que tu "nena" aun tiene en mí; creo que jadee. Mi “hola” continúo la conversación. Tú decidiste frenar hace muchos meses, pero bien sabes que nunca nadie me ha hecho disfrutar al límite como tú.

-         - " Estoy aquí hasta mañana a mediodía.  ¿Te apetece que tomemos una caña y nos pongamos al día?"

Irremediablemente una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. Algo tan simple como una caña con un viejo amigo, bien sabía que entre ambos, podía degenerar en mucho más, y por supuesto es justo lo que yo deseaba, al responder entre balbuceos un “si claro” “Pasa por casa”.

-         - " Estoy ahí en 15 minutos".

Para acto seguido colgar. Sabías de sobra dónde estaba mi casa, horas de desenfreno precedían nuestra relación. Pero yo no tenía claro el objetivo; tú decidiste que llegó el momento de parar, y ahora tú sólo me habías buscado.

Corrí al armario, me puse mi vestido negro de media manga, por encima de la rodilla, y las medias de blonda. Era una caña, pero era contigo y eso era mucho más; siempre más.

El sonido del telefonillo me sobresaltó. Corrí a la puerta sin descolgar y mientras el ascensor descendía, sentía como mis muslos se mojaban y temblaban instintivamente. Te ví tras la puerta de entrada del portal. Tan guapo, con ésos pantalones negros de vestir, entreví  bajo tu cazadora, la camisa blanca, con el primer botón desabrochado que resaltaba frente al moreno, siempre moreno... excitante...y perfecto. Caminé con paso seguro sobre mis tacones altos. Abrí la puerta con determinación y me rodeaste por la cadera, contra ti,  apretándome contra tu vientre. En segundos, tu lengua había invadido mi boca y esa acción profunda e  instintiva, marcó el preludio de tus intenciones.

Me soltaste, dejándome sin aliento, y comenzamos a caminar juntos calle arriba. Encontramos una cafetería, y nos detuvimos para tomarnos esa caña pendiente. Nos sentamos en una mesa apartada, sin parar de hablar, de contarnos todos los detalles, tu familia… sé cuánto les adoras, mi caótica vida, pero particular a la vez.... Nuestros ojos, perdidos en los del otro, oscilaban entre una mirada amistosa y el deseo más oscuro y profundo de tenernos. Nos mordíamos los labios, nos lamíamos, nos pedíamos guerra, y ambos, en el fondo de nuestro cuerpo y nuestro pensamiento lo sabíamos.

Sentí como tu mano comenzaba a rozar mi muslo bajo el mantel. Estaba muy excitada, pero no sabía bien en qué punto estábamos. Jadeé ante tu contacto, y controlando la situación, como siempre hacías, me dijiste “déjate llevar”. Nunca he disfrutado con nadie como cuando me he dejado  llevar por tus perversiones. Te deseaba, y simplemente obedecí. Abrí mis piernas ligeramente. “Quitate las bragas” fue la siguiente frase que escapó entre tus labios. Obedecí de nuevo, de inmediato, bien conocía hasta qué punto disfrutaba con tu depravación.

Me las saqué bajo el  mantel, sin dejar de mirar tus ojos de deseo y perversión y te las dí.  Te acercaste la silla más cerca de mí. Pude sentir como tu aliento caliente, surcaba mi piel. Tu mano, bajo el mantel, comenzó a palpar mi cuerpo, mi muslo y mi coño, hambriento de ti.  Podía sentir como la excitación se apoderaba de mi ser, mientras leía en tu mirada el calor de la situación. Tus dedos juguetones, abriéndose paso entre mis dobleces, y tu juego; que entornaba mi mirada, sin importarme que el resto del bar intuyera lo que estaba pasando allí. 



Me hacías tan tuya que me da miedo. El “Vámonos” de tu boca, fue el preludio de que te levantases y me ofreciéses tu mano. Agarrándome suave por la nuca, la acercaste a mi boca y con "huele", pude sentir como tu piel, impregnada de mis fluidos, olía a mí. "Como no voy a desearte con este olor", fueron las palabras que me hicieron caminar hacia la puerta, entre el temblor de mis muslos ansiosos.


Caminamos juntos de nuevo. Sin bragas, pero más tranquilos. Hablamos del tiempo, del trabajo y de la vida. Justo antes de que al girar una esquina, me paráses, empujándome contra la pared, apretándome contra ella para acercar tu nariz a mi cuello, mientras una de tus manos, subía mi vestido, y alcanzabas a palpar mi coño con el matiz de uno de tus dedos.

-          - “necesito un día para mí, dámelo por favor”

Tus palabras detonaron una bomba en mi interior, te deseaba, no podía más. Un “sin favor”, escapó de entre mis labios. Cogiste tu móvil, sin decir una sola palabra más, y con un “te envío la dirección ahora mismo. Quiero a los dos” Colgaste el teléfono y agarrándome del brazo me susurraste "volvemos a tu casa, nos esperan en unos minutos".

Al llegar a la puerta de casa, ví como un par de tíos estaban parados en la puerta. Les saludaste y les llamaste por sus nombres. “Ella es” dirigiéndose a mí, y ni una sola palabra más, previa al momento de subir en el ascensor, y entrar en mí casa.

Estaba tan excitada que no sabía bien cómo reaccionar, te conocía y sabía que me ibas a hacer sentir lo que nunca nadie ha logrado, pero hacía tanto de eso... Les indicaste, con seguridad, que se sentasen en el sofá, fui a hacer lo mismo, pero me dijiste que no. Un “estas segura de querer dármelo?”, fueron tus siguientes palabras; t “Estoy excitada como una perra” las mías.

Un “hacedlo” firme, me hizo estremecer, de pie, en el salón. Los dos se desnudaron, acercándose a mí, para después hacerlo conmigo. Uno de ellos, me tumbó en la mesa del salón, mientras yo veía como tu estabas ya desnudo en el sofá. Comenzaron a masturbarme sin preguntar. Dos hombres que no había visto en mí vida, estaban metiéndome los dedos en mis orificios más sexuales. El moreno, desde atrás, escupía mi trasero, mientras le dilataba lento. Jadeé, al ver como estabas masturbándote en la distancia. 

Me pajearon no más de 2 minutos, cuándo empujándome hacia atrás en la mesa, comenzarón a follarme el trasero; en órden, primero el moreno y después el rubio. Yo sólo podía gritar, ante la falta de previos, mientras sin mesura, los tres, disfrutabais del espectáculo. Adoraba sentirme así contigo. Me follaron con fuerza el culo, durante al menos 20 minutos, riéndose. Hoy jugaban ellos conmigo. Estaba tan excitada, que poco a poco, fui abriéndome y disfrutando, hasta que quisieron parar. Me levantó el rubio y me llevó  hacia el sofá, el moreno me colocó y me forzaron a sentarme sobre el rubio, junto a ti. El rubio, me la metió  hasta el fondo al dejarme caer sobre él, lo que provocó un gemido intenso de mi boca. Un alarido, me sumergió en un placer aun mayor, y un llenado tan intenso que me hacía gritar con cada movimiento. El rabo del moreno, me penetraba de golpe el trasero de nuevo. Por un momento sentí como si me abriera en canal, llena, plena. Podía sentir el roce de una polla junto a otra, sobre la pared de mi vagina que separaba los dos orificios por los que estaba siendo empalada, por dos desconocidos, una y otra vez. Gritaba del gusto, mientras ellos incrementaban sus movimientos. Tu rabo, duro, se tensaba, a mí lado, al mismo movimiento de tus manos.



“Folladla más duro, saciarla, si sois capaces” es lo único que dijiste, antes de que ellos, comenzasen a follarme de manera más brutal.





 El de atrás gemía en mi nuca, mientras el de delante exhalaba su aliento frente a mi rostro. Los movimientos de ambos, impedían los míos. Sus entradas en mí, cada vez eran más profundas, mientras la rapidez de cada viaje iba in creccendo, deacuerdo a la necesidad de verme colmada que me daban tus ojos. Gritaba de dolor y de gusto, mientras los desconocidos me follaban de forma incansable. Notaba como sus pollas se tensaban en mi interior, surcando mis pliegues interiores, por delante y por detrás; hasta que el de mi espalda,  se corrió en mi trasero. Automáticamente, tuve un orgasmo, sin que el rubio dejáse que me moviese de mi posición.

Me corrí  sobre su falo, empalándome sin descanso, mientras mis gritos invadían la habitación. El moreno bombeaba sobre mi trasero, mientras gruñía del gusto de sentirme así. Siguió penetrándome unos minutos más, mientras el rubio movía su cadera desesperado, hambriento de mi placer y mientras tu te masturbabas como un loco frente a mis ojos; sin dejar de mirarnos, más que cuándo mi mirada se perdía en el abismo de placer en que me habías sumergido. “Dadla más, más fuerte, intentad saciar a la puta”.

Gemí al oir tus palabras, mientras el rubio me empalo hasta el fondo. Sentí como su rabo tocó muro en mi vagina, y como su leche se derramaba en mi interior, mientras yo me dejaba ir sobre él de nuevo;  en el segundo orgasmo para ti. Al escuchar como gritaba de placer, te corriste en mi sofá, gritando un “puta” que me dejó sin palabras; tu y yo nos entendíamos y sabíamos que justo esto es lo que necesitábamos los dos, lo que deseábamos y lo que nos unía.


El rubio me desensartó de su falo. Y me dejó tendida en el sofá. Ambos se vistieron, les pagaste y se marcharon, mientras yo me quedé exhausta. Les despediste, desnudo, antes de volver al salón, mirándome de ése modo en que sólo tú sabes mirar. Te sonreí a la vez que veía como tu rabo comenzaba a crecer de nuevo al acercarte a mí. Te arrodillaste a mi lado, en plena erección de nuevo, mientras uno de tus dedos recorría mi espalda “eres increíblemente preciosa”. Sonreí de nuevo, del modo en que sólo la mayor complicidad puede regalar, justo antes de que me dijeras “ahora es mi turno cielo…quiero colmarte”… Me diste la vuelta en el sofá,  "abrete" fueron tus palabras, justo antes de meter tu cuerpo entre mis piernas, aun temblorosas; y atento a cada uno de los detalles de mi coño, comenzáste a pajearme entre los jadeos de mi boca... 



Mi vagina, se contraía ante las caricias de tus dedos y la perversión sexual de tu mirada, pero no te detenías, estaba justo dónde querías y dónde yo quería estar. Me mirabas a los ojos, para ver como estaba disfrutando de esto, tanto como tú, mientras cada vez me metías tus dedos más al fondo. Pronto tu rostro rozaba mi piel y tu cabeza la cara interna de mis muslos. Tu lengua devoraba mi coño empapado, y tu susurrabas un "puta" entre los labios, mientras ventoseabas mi sexo y me follabas con la lengua una y otra vez, ante la atención de mis ojos...



Me corrí sobre tu boca, sin ni siquiera darte cuenta. Hilos de mi yogur diluido, mojaban tus comisuras, mientras tú no dejabas de beberme y torturandome con el placer de tu deseo. Grite del gusto, a la vez que convulsionaba sobre ti. Te incorporaste lento frente a mí. Observaste mis agujeros irritados y mi cuerpo exhausto y expuesto a tus perversiones. Reparé entre sueños, en tu falo, erecto y erguido frente a mí. Te sentaste sobre mi rostro, echado hacia delante; y recuperando mi aliento, me metiste a la fuerza el rabo en la boca. Tensé mis labios, ante tu envite, y comencé a replegar tus pliegues alrededor de mi boca, exhausta y hambrienta siempre de ti.


Dese tu posición, no dejabas de tocarme el pecho, mientras veías como me follabas la boca sin descanso y como mi coño, se contraía y dilataba ante el atento despliegue y repliegue de tu polla en el interior de mí. Podía sentir como tu glande rebasaba mi campanilla en algunas embestidas, y como estabas disfrutando de semejante placer; eso disparaba el mío, siempre dispuesto para ti. El sabor de tu rabo, y ésas gotas difusas, disparadas sobre mi lengua, no hacía más que acrecentar mi deseo por ti. Me follaste la boca por minutos o tal vez horas, disfrute de cada ahogo y cada entrada, hasta que te saciaste de ella, sacándomela y obligandome a prescindir de ti.

Agarraste una pierna con cada mano, doblándomelas en torno a mí y me la metiste de un golpe. Entrabas y salías de mí como un juguete, sin dejar de mirarme a los ojos. "puta zorra, quiero saciarte", mientras yo te sonreía, colmada y aun hambrienta, era lo único que se oía en el salón. Nuestros jadeos acompasados con embestidas sobre mi ajado coño eran música para nuestros oídos. Podía notar como las venas de tu rabo me surcaban duro, una y otra vez, mientras me forzabas a abrir más las piernas en cada empalada. Gritaba del gusto, mientras tus gruñidos empañaban las ventanas. 



Dentro y fuera... y cada vez más rápido... entrabas y salías de mí.. gritos.. gruñidos y respiraciones acompasadas, marcaron el preludio de los alaridos de otro orgasmo entre los dos y de los dos... empapados uno en otro y siempre y aun hambrientos de más...

domingo, 15 de enero de 2017

Fluctuación...

Y ahora no puedo dejar de pensar en cómo te deseo, desde lejos. Como abierta de piernas frente al pc.. te busco como si no hubiese mañana, como si el tiempo se detuviese entre tus ganas y las mías. Busco entre el soliloquio de mis manos en mis pliegues… y entre el dibujo de tus palabras y tus alientos, despintados en el algoritmo de una maraña de necesidades no cubiertas por el deseo habitual.

Rezumo humedad mientras me abro, dilatando mi deseo entre gemidos. Mi coño abierto y expectante ante el placer que solo tu pensamiento sabe darme. Follo, refollo y orgasmo tras orgasmo no satisfago la necesidad delirante de lo que aún no he tenido, de lo que aun solo imagino y de lo que aún no ha sido mío.

Siento como mi dedo corazón, abrasa las paredes de mi vagina. Cada palabra, cada forma de expresar tu deseo, no hace más que acrecentar el mío. Comienzo el dulce vaivén de satisfacción momentánea, sintiendo como me contraigo ante el paso de mi falange, mientras avanzo el placer de tus letras, instantáneas, de todos….pero solo mías.

Me abro, no para mí, sólo para ti, mientras noto como los hilos de babas sexuales, empapan mi mano entre mis muslos. Un segundo dedo, perturba los movimientos inconscientes de mi coño, buscando tu placer, el mío, ó qué se yo. No puedo parar de entrever tu deseo, de buscarlo, entre el  goce de mis dedos, rozando mi interior.

Jadeos entrecortados, extenuando mis ganas, mi placer; el augurio del desemboque de mi río. Abro en “V” mis dedos, sin cesar el movimiento “dentrofuera”. Sin dejar de buscarme entre palabras, de buscar el placer de tus anhelos en mis dedos. Imagino tu forma de follar, dura, brusca… incontrolable… y pienso en lo puta que me haces ser  cuándo te tengo cerca, todo lo cerca que alcanzamos a estar; y de lo mucho que me gusta….

Resbalo sobre mí, dentro de mí,  mientras gimo agitando mi clítoris con el pulgar, a la vez que observo tu rabo, duro,  troncal, apuntándome…. en un momento de plenitud sexual que aún no ha llegado. Pienso en ti, en tu forma de desear y de vivir, y aumento el ritmo de mis movimientos. Jadeo cuándo noto como mis piernas se van tensando progresivamente, y como mi vagina, se retuerce de placer ante el paso de mis dedos, guiados únicamente por el deseo de tu cuerpo y tu mente…

Hasta que me pierdo en un intenso orgasmo… contrayendo todo mi cuerpo entorno a mis dedos… sin dejar de mirar.. te… ni un solo segundo… en silencio… y sin que lo sepas…

Shhh… y me siento libre de tu deseo unos segundos…. Porque en los siguientes… ya vuelvo a estar loca de ganas de ti… una vez más…