En cada rincón...un submundo...

lunes, 26 de junio de 2017

Hielo...

Con el tiempo he aprendido...

Aprendí que sólo cada un@ sabe lo que pasa por su cabeza y por cualquier otra parte de su cuerpo...

Aprendí que el paso del calor al frío no es cuestión de temperatura sino de razón y de intención...

Aprendí que sólo hay que buscar presencias, entre las ausencias no voluntarias...

Aprendí que quién se va...es simplemente porque no quiere estar... sin dobleces ni justificantes...

Aprendí que cada persona es un mundo....y que a veces...realmente nos equivocamos cuanto más creemos conocer...

Aprendí...que en la mayoría de los casos...."piensa mal y acertarás"...es el preludio de "el tiempo te dará la razón"...

Y aprendí... que equivocarse no es siempre un error...que no comprender a veces...no es más que la necesidad de que una vez más nos estémos equivocando...

Aprendí que para no sentirnos a veces...completamente estúpid@s... no hay mas remedio que recordar...que quién se va es simplemente porque no quiso quedarse...

Aprendí que cuando uno vive...no hay mucho de lo que arrepentirse...pues fue vivir quién movió los hilos...


Y aprendí...que por mas corazas que un@ se ponga...al final es tan fácil decepcionarse como directamente dejar de hacerlo...

lunes, 12 de junio de 2017

A Kilómetros de distancia...

El tacto suave de la seda, presiona levemente sobre mis párpados. Mi cuerpo abierto y expuesto a ti, como cada día, como siempre, levita levemente entre pensamientos y sensaciones. Siento como es tu carne la que explora  mis adentros; sin esfuerzo,  puedo oler incluso el sudor de tu piel, a cientos de kilómetros de distancia. Gimo al sentir como son tus dedos los que profanan mi coño, grande, rosado, sediento y hambriento de ti.


Ruges, mientras aceleras el tañir de tus falanges en mi interior. Jadeas extasiado ante la lubricación de mi entrepierna. Sus latidos acelerados, fruto de la tensión desgarrada, se hacen tuyos, bajo el vaivén de mi cadera, buscándole… buscándote.

Rotación directa y vuelta a empezar, sobre la danza insolente de quién no quiere mirar, más allá de sus propias reflexiones. 

Seda en el suelo, surcando el dibujo de un pensamiento de deseo derramado en exclusiva en ti, y para ti, aquí o a cientos de kilómetros. No necesito tu divagar constante, para saberme tuya a cada instante. Tu carne, dura y ruda, comienza a bailar sobre mi sexo, abierto y dilatado; y solo contraído para el placer de tu cuerpo en mi interior. 


Gimo del gusto, enviando mis ruidos a tu cama, mientras me empotras con toda la fuerza con la que ambos nos disfrutamos.  Grito de placer, mientras esbozo el dibujo de tu falo, empalándome a cada suspiro. El ritmo incesante de la bestia que me envite, hacer rezumar mi cueva, por el mero placer de sentirte muy muy cerca, en mí. Ensartada sobre el filo de tu arma, la que me desarma cada hora, me entrego sin medida a la tez de quién disfruta tras de mí. 

Aplacada bajo sus manos, intuyo la presión de las tuyas a mi espalda. Grito una vez más, y contraigo mi vagina, para ser la mejor puta, la tuya. Él jadea tras de mí, loco de pasión desenfrenada, por la entrega desmedida de quién no entiende cuánto es.


Retorcida bajo tus ganas, él aplaca su placer invadiéndome de nuevo. Conquistando mi guarida, con cada uno de sus dobleces, retuerce mi conocimiento bajo sus manos. El regusto de sentirte, aviva la llama de mis ansías, y mis pechos, extasiados, desprenden en mis dedos el calor de quién estalla. 

Cada batalla revierte en gritos el placer de notarte, tan dentro y tan al fondo que no dejas de tocar. Movida por tus ganas, empalada entre gemidos, avivada y extasiada, te follo tras de mi. 


No quiero mirar sus ojos, no quiero mirar su cara... solo quiero sentir la carne hundida en mi hendidura... notar el placer que solo tu puedes darme...y marcharme más allá... a kilómetros de distancia... Llevarme a los gritos de placer, que solo tu sabes pronunciar en mis labios, y escuchar ése "nena" que sólo tu sabes decirme... a kilómetros de distancia....

Para hacerme perder el control... una y otra vez...


martes, 6 de junio de 2017

Libre...

Puta, señora, diva, hembra,


Esclava, ama, jefa, empleada,
Ansiosa, reservada, pura, loca,


Sedienta, hambrienta, retorcida, soñada,
Lujuriosa, perversa, licuada, insaciada,


Deseosa, anhelante, perturbadora, amante,


Impaciente, caliente, mojada, deshecha,


Decente, afanosa, delicada, dura,
Voluptuosa, lúbrica, reincidente, pudiente,
Sudorosa, extenuada, atemperada, efervescente,


Prostituta, beata, acuciosa, insaciable,
Nerviosa, ambiciosa, sátira, elocuente,
Ávida, codiosa, latente, mujer,


Fogosa, buscona, exhaltada, efusiva,



Vehemente, atenta, risueña, mágica,
Sonrisa, lágrima, gemido, latido,


Luz, oscuridad, máscara, claridad,


Solvencia, ausencia, rutina, diferencia,
Crudeza, rendición, regalo, pretensión,
Juego, realidad, punto, raya,


Cielo, infierno, mirada, desprecio,
Caída, levanto, ruego, pasión,


Agua, sal, luna, sol,
Tierra, aire, mar, campo,


Sístole, diástole, perpendicular, paralela,


Reina, criada, cara y cruz




Sobre todo... libre…siempre...
de reir, de llorar, de soñar, de vivir...


lunes, 29 de mayo de 2017

Dispuesta para ti...

Sentí como tu presencia a mí espalda lo cambiaba todo. Notaba como el solo olor de tu cuerpo, hacía derrapar los cauces de mi entrepierna. Jadeaba, explícita, mientras mi corazón se aceleraba, al ritmo en que mis pezones empezaban a endurecerse. Tus ojos clavados a mi espalda, oscilaban entre la cama y mi trasero. 


Me encorvé frente a ti, completamente desnuda, abierta y húmeda.... mi propio cuerpo respondía  al estímulo de tu presencia.  Nuestra última conversación aun reverberaba en mi cabeza, enferma de ti. 

- No necesito nada especial, te necesito a ti, clara, concisa y directa. 

Estaba desnuda, sabía que tú no ibas a despojarte de la ropa todavía, sé cuánto te gusta, ésa posición de superioridad, que yo te doy, sobre todo y ante todo, porque tu cerebro me emputece por momentos, y mereces ése lugar. 

Ambos parados, en aquella habitación sombría, hebríos de nervios y deseo contenido; ansiosos, enfermos, exaustos de ganas......
Nuestros latidos, fuertes,  hacían eco con la respiración acelerada de nuestros propios sexos. Notaba, sin ni siquiera verte, como te relamías ante la sola imagen del instinto  que despertabas en mí. Jadeaste, al mismo tiempo que te ibas abriendo la cremallera del pantalón. Gemí solo del gusto de saberte tan cerca y de saber, a ciencia cierta, lo que me esperaba. 

Caminaste hacia mí, con tu falo en la mano. Cada uno de los 5 pasos que nos separaban,  no hacía más que contraer y expandir mi coño. Sabía que tu primer objetivo iba a ser mi  trasero, con la brusquedad que tanto nos excita. Jugueteaste entre mis nalgas, provocándome sacudidas por todo el cuerpo. Tu falo, duro y tenso, golpeaba lento mi hendidura.


Podía sentir como mi propia respiración entrecortaba la tuya, ávida de placer, y ávida de mí. Pronto dejaste tu juego, para que de una sola estocada, y haciéndome gritar entre gusto y dolor y sujetando bien fuerte mi cabeza y mi voluntad, meterme tu rabo hasta el fondo. Gruñiste al notar como mi cuerpo te recibía y como  comenzaba a temblarte.


Te mantuviste dentro, respirándome, disfrutándome, antes de empezar a volverme loca. Pequeños vaivenes dibujaban surcos en mi trasero, mientras tu cadera marcaba el ritmo de nuestro baile de placer, siempre bajo el estribillo del sudor y las ganas. Tu falo, se reundía en mi trasero, mientras que una de tus manos, acariciaba mis pezones, duros, rojos, ansiosos de ti.



Sólo te detuviste, cuándo decidiste que era otra tu prioridad en mi cuerpo; y es que hoy, como siempre, adoro ser tu juguete de placer. Me giraste, forzando mi caída, de rodillas frente a ti. 

Nuestros ojos se cruzaron por primera vez, en el instante justo en que tu polla, rozaba mis labios. Mi lengua ansiosa de ti no hacía más que relamer mi boca, y mi nariz,  olfateaba el olor de tu piel, como abeja atraída por el polen, tu polen, tu polla. Una sonrisa distendió la brutalidad del sexo entre los dos; justo antes de que una de tus manos se posáse en mi cabeza. Movida por una fuerza externa, proveniente de mi vagina, abrí la boca para ti, justo en el instante en que tu rabo penetró mi agujero, cruzando el umbral de mi campanilla. Me la saqué suave, con la única intención de recrearme en semejante placer.



Mis manos dibujaban tu largura, mientras dejaba caer las babas de mi boca, para licuar mejor el recorrido.  


Mi lengua ansiosa de ti, no podía más que dejar salir sus ganas, comenzando a juguetear con tu falo, cada vez más duro. Podías sentir a cada instante, como eras más mío, y yo ahora, era la ladrona de tu voluntad. El sabor de tu piel, de la mía  y de la excitación de ambos, sobre la base de tu puta y tu glande, eran el sabor que incendiaba mi cuerpo. Mientras lamía y relamía, mi coño, cada vez más abierto y más ansioso comenzaba a expandirse y contraerse del gusto, mientras mis propios fluidos, fruto del lujo de comerte, comenzaban a avanzar sobre la cara interna de mis muslos. 


Los notabas, los olías, una de tus manos comenzó a acariciar mi trasero, recogiendo mis líquidos; mientras que apretabas aleatoriamente cada una de mis nalgas. Mi boca hambrienta jugueteaba con tus huevos, duros, tensos y ansiosos. 

No tardaste en retomar el control. Tus gruñidos constantes, no hacían más que presagiar el regreso de tus propios imperativos. Tu falo, abriéndome la campanilla comenzó a follarme la boca. El aire retenido en mis pulmones, chocaba contra la grosura de tu excitación concentrada entre mis labios. Ansiosa y deliciosa, mi coño ya era río, mientras tus manos no dejaban tregua a mi cabeza, deseosa y exausta por darte placer.


El dentro y fuera de tu polla en mi garganta, acrecentaba las arcadas sobre ti. Mis ojos, clavados en los tuyos, eran el termómetro de lo que estaba sucediendo, justo bajo el surco de mi vientre. La humedad rebasaba límites y mis ganas iban creciendo por momentos. Instante a instante, mi coño, ansioso y dispuesto, se expandía para ti, mientras tu erección se tensaba bajo las caricias de mis labios, duros, ventoseando sobre tus pliegues; y la fricción ligera de mis dientes, que acompasaban sus caricias con el regusto de mi lengua.

Aceleré el ritmo de mis movimientos ante tu atenta mirada. Sabías lo que quería darte y tu sabías lo que querías; no ibas a dejar que nos corriésemos a destiempo. Me la sacaste de golpe, forzándome a levantarme del suelo. Me empujaste contra el puf y dejaste caer mi cabeza. Colocando cada una de mis piernas a tu alrededor, no dejaste de mirar mis ojos ni un segundo. Tu falo duro, presionaba mi coño, mientras tu cara, depravada, ésa que tanto adoraba, sonreía de placer, a la vez que tu lengua juguetona se relamía del gusto. Comenzáste a surcar mi vientre con tus babas.. Podía sentir cada suspiro de tu aliento sobre los poros de mi piel, igual que sentía como sentado, tu cadera hambrienta, se clavaba sobre mi sexo cada vez más.  


Los gemidos que salían de mi boca, se acompasaban a los mimos de tu lengua sobre mi ombligo, dibujando suaves círculos entorno a él. Lentamente tus movimientos fueron cambiando su localización, y la senda de tu apéndice, comenzó a indagar en los dobleces de mi placer. Tu nariz clavada en mi coño, olía mis ganas, mientras tu lengua comenzó a deleitarse entre pliegues y fluidos, objeto del deseo que despiertas, sólo tú, en mí. 

Serpenteando bajo mi cuerpo, cambiamos posiciones. Mi coño en tu boca y tu rabo, sobre mi espalda, manteniéndome erguida frente a ti. La danza de placer de tu boca sobre mis ganas, se hizo más latente. Tu boca, dibujando lienzos sobre mis labios, provocaba gemidos desgarradores en mi garganta. Tu forma de paladearme, provocaba espasmos en mi cadera. Tu lengua, maestra de sabores, jugaba con mi coño a su antojo. Tus dientes, sujetaban mi clítoris engrosado y rojo, mientras tus caricias sobre mis pechos, provocaban contracciones en mis pezones, apunto de explotar. 




Nuestras respiraciones acompasadas y los movimientos de mi cadera, buscando, buscándote, hacían presagiar la proximidad de mi orgasmo. Tu lengua, feroz, comenzó a follar cada una de las paredes de mi vagina, mientras mis gritos de placer, hacían eco con las paredes de la habitación. No te detuviste hasta que no estuve apunto. Sabes bien, quién es el dueño de mis corridas, y paraste tu juego, a tu antojo, como buen juguete de placer. 

Me lanzaste sobre una de las columnas de la habitación; sin medida y sin mesura. Tu conocías mis deseos, pero yo conocía los tuyos, y ya hacía rato, que ambos no teníamos control. Empotrada contra el muro, tu falo se me clavó hasta el fondo. Mis muslos mojados, apoyaban sobre tus caderas; bailarinas incansables en una danza de placer. Nuestras bocas, rozándose, nuestros cuerpos sudados, impregnándose de las ganas del otro, y por fin, follándonos, como tanto deseamos. 


El dentro, fuera, dentro, fuera... se sucedía sobre los jadeos y los gritos de nuestras bocas y nuestra piel. Mi coño, ventoseando tus envites y tu cuerpo extasiado contra el mío. Las respiraciones evolucionadas, y nosotros, conociéndonos y manteniendo los ojos, uno contra el otro, corriéndonos, como siempre hemos intuido y como siempre, hemos deseado.... no era más que el principio del "siempre querer más"....

domingo, 21 de mayo de 2017

Una puta loca del coño...

No podía más... estaba irritada de tanto pensarte... disfrutarte y provocarte... tacones, minifalda y escote, con el punto justo de maquillaje.. y unas cuantas copas... vestida y arreglada para una noche de guerra ideal, a la par que caliente y ansiosa de rabo a rabiar. 

Escruto el ambiente, varios tíos buenos a la vista, ó no tan buenos, pero de los que a mi me hacen gracia. Soy rara hay buenorros que no me dicen nada y otros que no lo están tanto que me ponen a 1000; lo de ponerme a 10000 solo se reserva a alguno y para éso tiene que hacer méritos. La mojigata es la novia de aquel, la otra del segundo, ahí hay uno solo... puede parecer cruel, pero cualquier mujer que se tenga en buena estima, sabe que es ella quién ha de decidir quién va a ser su presa ésa noche, y yo estoy tan segura de mí misma que a veces me doy miedo. 

Me contoneo frente al de la camisa blanca... no hay nada que me ponga más cachonda que una camisa blanca sobre una piel oscura. Sonrío, y no tarda en comenzar a mirarme de forma sugerente. Algo se me pasa por la cabeza, miro la pantalla del móvil y el coño se me hace agua, igual que los últimos días, no sé de qué me sorprendo. Estoy tan caliente que podría hervir, pero este no es el tio. Vuelvo a la zona barra y mi amiga ya tiene presa. Jadeo, no sé porqué pero lo hago, y bebo sin dejar de mirar la pantalla del móvil. El moreno sexi se acerca, y me propone una copa; no me apetece, al menos con él, no me sirve. Le digo amablemente que no y obviamente le he dejado flipado, le he enviado señales obvias para luego distorsionarlas; no soy así, pero hoy, no debo ser yo...

Me giro, suspiro. No suelto el móvil de mi mano. Estoy tan perra que voy a explotar. Miro hacia el otro lado. Habitualmente los rubios no me dicen nada, pero hoy, ya no sé ni qué es lo que coño estoy buscando; bueno, sí lo sé, pero no me queda a mano. El rubio del polo rosa no está nada mal. Me acerco muy despacio, y rozo mi trasero junto al suyo. No tarda en girarse; le pido disculpas y él se disculpa más (no sé bien porqué... bueno sí, sus ojos clavados en mi escote me proporcionan una información importante...). En ése instante, vuelvo a retroceder, no debe ser un follador, o al menos no debe ser el mejor follador y hoy sólo el mejor me vale. Me relajo, y me giro, despidiéndome amablemente. 

Vuelvo a la barra, un par de chicos quieren ser mis amigos, no están mal, pero paso... si no es para el mejor polvo del mundo, tal vez hoy no es mi noche. Me pido otra copa, me la bebo de golpe, sin dejar de mirar el móvil; voy hacia la pista dónde mi compañera de copas ha encontrado un amiguito y la digo que me voy; obviamente la importa un bledo; y tras dos buses llego a casa. Con el móvil a la vista, por supuesto. 

Sin acabar de abrir la puerta ya llevo los zapatos en la mano, me bajo las bragas por el recibidor y me saco las medias. Me siento en el sofá, frente a la tablet, y coloco un pie sobre cada lado de ella, en la mesita de te. Estoy hecha agua joder. Me quito la parte de arriba y me quedo completamente desnuda. Coloco el móvil recostado sobre el cristal de la mesa y la tablet apoyada en su soporte frente a mí. Te busco, como poseída por una excitación obsesiva y te encuentro, no me resulta difícil, esta acción la practico a menudo.

Jadeo al descubrirte en móvil y tablet a la vez.
Comienzo a acariciar mis labios exteriores, mientras jadeo ligeramente... esto sí... esto es lo que quiero. Noto como la humedad de mi sexo rebosa su hendidura, y es que no puedo estar más cachonda, aunque nada me valga más que esto. Las caricias empiezan a profundizar, mis dedos intuyen la silueta abultada de mi clítoris engrosado y ardiendo. Estoy roja, rozada de tanto follar, pero no puedo parar. 

Mis dedos comienzan a friccionar ligeramente, tu torso me eriza la piel, no puedo soportar tu deseo; y tu forma de follar solo hace que arda por dentro. Gimo del gusto mientras uno de mis dedos hace dibujos en mi entrada, te deseo como nunca he deseado y lo sabes cabrón.

Coche y polla, y que polla, y mi cadera curvada, buscando la textura de mis dedos en ella. Jadeo, rodeo y entro, no puedo más, te quiero tan dentro que me doy miedo a mí misma, que tú me la hinques  hasta el fondo es lo que necesito. Suspiro mientras comienzo a masturbarme dentro, despacio, con cautela. La palma de mi mano, refriega mi clítoris, y los sonido guturales de mi garganta impregnan el salón; no puedo evitar ser ruidosa; pero tampoco me importa serlo. 

Me incorporo, la serie continua en el móvil, tu polla es tan golosa, que no puedo evitar ponerme a salibar. Jadeo, cuándo sin darme cuenta me introduzco un segundo dedo, y es que estoy quemándome por dentro y por fuera. Acelero el ritmo de mis movimientos, sin dejar de salibar, sin dejar de arder. Abro mis dedos en V, buscando profundidad y anchura, estoy completamente dilatada, me estoy volviendo una loca del coño y lo sé, y lo peor es que me encanta. 

Gimo del gusto mientras sigo palmeándome el clítoris, uno de mis dedos roza el techo superior de mi vagina y el segundo el suelo. Lamo y relamo mis labios, como una perra insaciable, mientras siento como justo, estoy tocando donde debo; me conozco tan bien que doy miedo. Curvo la cadera más, gimo, y cada vez me doy más rápido; tan rápido como tú eres capaz de embestir...bestial... brutal y sublime. 


Un tercer dedo invade mi cavidad... no puedo parar de mirar aleatoriamente móvil y tablet. Tu rabo me apunta mientras tu cerebro me domina una y otra vez, estoy descontrolada y lo sé. Gimo del gusto mientras tres de mis dedos me empalan, no cierro los ojos, para sentirte allí. 

Me doy más rápido... los gemidos se entrecortan con gestos de placer....aaaa...aaaa... sigo, cada vez más rápido... tu polla en todas partes... tu forma de follar como quieres... tu necesidad de sexo brutal... jadeo de nuevo... no puedo parar ni un segundo...
Un cuarto dedo... me penetra completamente... mientras mis piernas cada vez más abiertas, a ambos lados de la tablet... susurro tu nombre... mis ojos clavados en tu rabo.. en tu ducha.... y mis manos dilatándome y haciéndome perder el control. 



Por un segundo son tus manos las que me pajean sin tregua ni medida....me dejó llevar mientras tu falo me apunta...terso... duro y me muero por tenerlo entre mis labios. Me estoy partiendo por la mitad, cuándo me doy cuenta que necesito más... es mi mano la que me entra... gimo, jadeo y grito mientras te busco y te rebusco dentro de mi... voy a perder el control entre tu polla y tus "nena".... y lo pierdo... corriéndome como una perra sobre el sofá... sacándome ligeramente la mano para hacerlo... pero sin dejar de masturbarme todo el tiempo.... con tu cuerpo y tu cerebro en mi cabeza... en mi vagina y en el fondo de mi cabeza...


Me he vuelto una puta loca del coño... y lo sabes...

sábado, 11 de febrero de 2017

Un buen recibimiento...

No sé si os pasa a todos, pero tras una semana sin correrme, con la tensión de un nuevo comienzo y después de una aboragíne previa de sexo y masturbación, esta semana estaba apunto de subirme por las paredes. Quizá sea rara, pero soy incapaz de pasar más de 10 días sin un orgasmo en condiciones, aunque por supuesto no siempre se den las circunstancias adecuadas.

Recuerdo muy bien aquello de no metas la polla en la hoya o algo así, bueno, he mentido, obviamente no lo recuerdo bien, pero como yo no tengo polla, al menos como apéndice de mi cuerpo, tampoco le dí mucha importancia. 

Sabía que él me deseaba, de hecho es algo habitual, y no es porque físicamente yo sea una bomba, soy bastante corriente como os he dicho otras veces, pero como también he dicho, creo que la parte más sexual de las personas no reside en su cuerpo, ni siquiera en su sexo, sino en su cerebro, y ahí sí que debo ser diferente a las demás. Nos habíamos observado varias veces, incluso nos habíamos presentado sin necesidad de coincidir. Tal vez sea por ésa habilidad de los que emanamos apetito sexual, pero él me excitaba, y por la forma en que su entrepierna palpitaba cuándo estábamos cerca, era algo mutuo.

No podía más, proceso cerrado y ganas de follar a mansalva. Salí del despacho y allí estaba él. Me dio la enhorabuena por mi logro profesional. Asentí levemente, mientras me mordía el labio inferior, con una caída de ojos digna de un perra en celo y es que en éso de transmitir mis ganas, soy la mejor, además de en otras muchas cosas. Te mordiste el labio de forma inmediata, antes de que me acercase a tu oreja y te invitase a una cerveza, cuándo acabases tu jornada laboral. A mí aun me quedaban unos días para empezarla, pero no pensaba quedarme sola ésa noche. 

La verdad es que no sabía nada de ti, y ni se me había ocurrido pensar que los casados también desean, aunque no quieran follar; y la verdad es que tampoco me importaba, tu forma de mirar era la propia de un follador nato, y lo demás por cínico que resulte decirlo,  me daba igual, no pensaba casarme contigo.

Asentiste; no pude evitar desviar mi mirada a tu entrepierna, justo antes de marcharme con un "te espero abajo". Sabía como tus ojos se habían clavado en mi trasero, que llevaba embutido en un vestido negro ajustado, justo hasta mi rodilla y que quedaba espectacular, con las curvas de mi cuerpo y mustang negros de tacón alto. 

En el bar me pedí una caña, e intenté relajarme. No por tener dudas, de si ibas a ser mi presa este jueves, sino por la semana de infarto que llevaba. No tardaste más de 20 minutos en cruzar la puerta de la cervecería y caminaste decidido a mi encuentro. Ésa seguridad en ti mismo, es la prueba misma de que no me equivocaba en tu capacidad follar. Tus ojos verdes, clavados en los míos y tu manera de caminar, con ése pantalón y esa camisa entreabierta, que hacían juego perfecto con tu piel morena, me ponían tan caliente que tenía que contraer los muslos para no abalanzarme a tu cuello, al menos antes de tantear el terreno, no suelo equivocarme, pero tampoco me gusta hacerlo.

Te pedí una caña, sin preguntarte, estaba tan cachonda, que no iba a haber miramientos. Una conversación rápida, sobre la empresa, sobre mi capacidad, sobre mi posible cambio de domicilio y tu experiencia en ella, fueron los preliminares. Tus ojos miraban mis pechos, los míos tu entrepierna y mi dedo índice recorría tu torso, a la vez que tus manos se apoyaban sobre mis piernas, abiertas ligeramente ante la atención de tu mirada; eran las pruebas que necesitaba para confirmar que mi criterio, tras una semana sin sexo era certero.

Los que me conocéis sabéis que no soy de medias tintas, soy de blancos o de negros. Me acerqué a ti, mientras contenías la respiración y te susurré que mi hotel estaba aquí al lado, y que si seguíamos la conversación desde allí. Dejaste 10€ en la barra, y sin preguntar por la cuenta, me cogiste la mano y me llevaste hacia la puerta. Allí yo marqué el camino, mientras de la mano caminábamos hablando del tiempo y lo que me gustaba la zona costera.

Entramos en el hotel, con la única interrupción de solicitar mi tarjeta en recepción. Subimos al ascensor aun de la mano. Antes de que las puertas se cerrasen te colocaste frente a mí, y agarrándome fuerte por la espalda, abalazaste tu boca sobre la mía. No puedo negar que me moría por comerte la boca y lo que no es la boca, desde el mismo momento que me crucé contigo. 


Nos devoramos, de forma inconstante y ansiosa. Tus manos, recogieron mi vestido a la altura de mi cadera, mientras nos barríamos con la lengua. Nuestras babas, acentuadas por nuestra respiración acelerada y excitada, se fundían entre el hueco de nuestros labios. Comernos era poco, para lo que estábamos viviendo. Las puertas se abrieron. Me bajé el vestido y te dirigí hasta la 102. Metí la tarjeta, mientras tu erección me taladraba el trasero. Entramos a empujones en la habitación. 
Me giré frente a ti, solo para poder notar de nuevo el deseo también en tus ojos.

 Con un siéntate y un leve empujón, te senté en el sofá que acompañaba a la cama. Me arrodillé frente a ti, y comencé a desabrocharte ésa camisa, que tanto favorecía el moreno de tu piel. Desabroché el primer botón de tu pantalón, para evitar que semejante erección permaneciese presionada. Dejé caer un chorro de saliva sobre tu glande, para después lamerlo de manera suave. Echaste la cabeza atrás mientras ya me incorporaba. 

Me desabroché el vestido frente a ti dejándolo caer al suelo, sin quitarme los tacones. No llevaba sujetador. Me saqué el culotte negro de encaje antes que las medias de blonda que me quité después, justo al quitarme los zapatos. Agarrándote de las manos te invité a levantarte. De pie, desnuda frente a ti, comencé a comerte de nuevo la boca, me sabía a gloria, mientras liberaba tu erección, acariciando cada pliegue de tu rabo, duro, caliente, como a mi me gusta, y como yo sabía que sería. 


Tus manos, sujetándome el cuello, mantenían mi rostro fijo en el tuyo; hasta que lentamente, comenzaron a recorrer los perfiles de mi torso, parando primero en mis pechos. Posastes tus manos sobre mis tetas, acariciándolas suavemente, recreándote en mis pezones duros y rosados, excitados por y para ti. Desde ahí, las dirigiste a mi cintura, para después posarlas en mis nalgas. Yo no podía evitar disfrutar de los dobleces de tu falo, duro en cada caricia, y del modo en que tu boca me devoraba ante el juego de mis dedos entorno a ti.

Separando tu boca de la mía, te empujé de nuevo contra el sofá, liberándote del pantalón. De rodillas frente a ti, comencé a mimar como debía al juguete de mis dedos. Mis labios, anhelantes de más del sabor de ésa polla erguida para mí, comenzaron a jugar con tu cabeza. 


Entre mordiscos y caricias escondidas, mi boca succionaba tu sabor; a la vez que mis manos ansiosas de ti, jugueteaban con tu longitud. Jadeabas de tal forma que tus gemidos salían de la habitación. Agarrabas los brazos del sofá con firmeza, mientras yo me deleitaba con el sabor de tu glande en mi boca. 

Me incorporé despacio, y te conduje a sentarte en el suelo, junto al sofá. Me giré frente a ti, ante la atenta mirada de ojos perdidos, que solo el placer nos da a todos.  Coloqué mi pipa, y mi trasero a la altura de tu cara, y dejando caer mi cabeza sobre tu cuerpo, decidí terminar el trabajo que había empezado.


Mientras tu falo se tensaba entre las caricias de mis dedos y la ventosa de mis labios esparciendo tus dobleces, podía sentir como tus labios se apoderaban de mi coño. Tus manos apoyadas en el suelo, eran el único núcleo de realidad tangible, que iba más allá del placer que intentábamos darnos. Notabas como mi coño lubricada por momentos, a la vez que tu rabo concentraba más presión entre los surcos de tus venas. Gemías del gusto sobre mi sexo, y yo ahogaba gruñidos de placer sobre el tuyo. 

Apoyando tus manos sobre mi trasero me forzaste a girar sobre mí misma. Te subiste a la cama, sin dejar de mirarme extasiado. Adoraba sentirme así de poderosa. Me subí sobre ti, despacio y sin perder el contacto visual. Me coloqué sobre tu falo y me deje caer, gritando del gusto, mientras me abrías en canal para ti. Comencé a moverme entorno a tu empale, al ritmo que marcaban nuestros ojos. Los míos apuntando ahora al cielo y los tuyos a mi cara de placer y al vaivén de mis tetas.


Sin tocarme podía sentir las caricias de tus ganas, los surcos de tu placer dibujando pliegues en mi vagina contraída para acariciarte en cada viaje. Arriba y abajo, ahí, y más, gruñidos, jadeos y respiraciones entrecortadas, se sucedían entre el movimiento del colchón. Podía notar como tu rabo, duro acrecentaba tu tensión eterna, atento a cada uno de mis saltos sobre tu longitud. Sentías que estabamos cerca, ambos; y me detuviste, como buen follador. Me levantaste sobre tu rabo y lo sacaste de mí, húmedo y empapado de mis ganas. 

Serpenteaste sobre mi cuerpo, mientras yo me sujeté de rodillas y erguida, no sin cierta dificultad, por lo cachonda que estaba, sobre la cama. Colocaste tu rostro entre mis muslos y comenzaste a meterme, ahora no tu polla, sino tu lengua en la vagina. Grité del gusto al notar como tu aliento humedecía mi "mojado". Jadee al sentir como te recreabas en el sabor de mi coño. 


Podía sentir el roce de tu barba de dos días entre mis labios inferiores y como tu lengua y tu saliva me empapaba todavía más, volviéndome loca. Quizá estuvimos segundos, o tal vez horas, jugando con mi coño, con mi sexo y mi deseo. Tus manos abrazadas a mis piernas y tu lengua relamiendo mis paredes. Cada vez más juguetona, cada vez más rápido, me barrías por dentro. 

Sabías que estaba a punto, y te regustabas con mayor destreza. Mis rodillas no aguantaban y cada vez más, el peso de mi coño oscilaba más profundamente sobre tu cara. Podía notar como tu nariz se empapaba de mi olor, y como cada vez respirabas y penetrabas más en mí; hasta que me dejé caer sobre tu rostro, empapada, convulsa y extasiada, mojándote la cara de mi corrida, al tiempo que tu disfrutabas embebiéndote más de mí.

Cuándo recuperé el aliento me desplacé despacio sobre ti. Sin perder de vista la tersura de tu rabo. Me giré sobre tu cuerpo y comencé a restregar la humedad de mi coño sobre tu abdomen, a cuatro patas sobre tu torso. Me abría los labios rozando con tu piel y te mojaba. Tu cadera, apenas podía controlar los golpes inconscientes, buscando mi agujero. Me coloqué en el vértice, mirándote y sujetando tu cadera con los muslos. Sonreías de placer como yo lo hacía de gusto. Y volví a dejarme caer sobre tu falo. Mis movimientos fueron rápidos. Como los tuyos. Llegábamos a mi fondo, abriéndome con cada envite. Estabas  a tope y adoraba tenerte así.




Mis pechos rozaban tus labios ante cada nuevo baile de nuestros cuerpos sobre la cama. Tu rabo al fondo y mi vagina abierta a recibirte. Jadeos entrecortados y gruñidos de placer, entre los fluidos de rabo y coño y el sudor de dos pieles restregándose del gusto. Hasta que con un gruñido final, me empapaste de tu leche, sin dejar de moverte y de moverme en el mismo compás, alargando tu orgasmo y provocando de nuevo el mío, alrededor de tu polla. Arriba y abajo, cada vez más lento, bombeando sobre nuestras corridas, hasta que me dejé caer sobre ti.

Exhaustos permanecimos así, encajados, al menos media hora, respirando y sin mediar palabra. 
Confirmé que no me había equivocado, una de los mejores folladores que he conocido y además supe que este sería el preludio de una buena amistad... aquí también iba a necesitarlo...




martes, 24 de enero de 2017

AL LÍMITE...

El sonido inesperado de la alarma del teléfono, me sacó de mi ensimismación frente a la pantalla del PC. Cuándo ví tu nombre en la pantalla, me quedé bloqueada unos segundos, entre las ganas de contestar y más de 1 año sin saber uno del otro, los sentimientos me golpeaban la cabeza, entre la necesidad de contestar y  de no hacerlo.

Sonreí y armada de valor le dí al verde. Un “hola” convencida de que sería un error, fue lo que alcancé a balbucear. Tú eres la persona que me introdujo en el “SEXO” el que se escribe con mayúsculas, y hacía ya mucho tiempo que no nos parábamos a disfrutar juntos. Recordé las noches de desenfreno y el enfoque en que tú me enseñaste que entre dos personas no hay límites ni éticos ni morales, más que los que las dos personas implicadas,  se plantean.

Contestaste rápidamente, seguro de ti mismo, convencido de lo que me estaba pasando por la cabeza; nunca cambiarías y yo lo sabía bien, desde el mismo día en que intercambiamos nuestro primer saludo.

-         -  “hola nena”

Boquiabierta, con el efecto que tu "nena" aun tiene en mí; creo que jadee. Mi “hola” continúo la conversación. Tú decidiste frenar hace muchos meses, pero bien sabes que nunca nadie me ha hecho disfrutar al límite como tú.

-         - " Estoy aquí hasta mañana a mediodía.  ¿Te apetece que tomemos una caña y nos pongamos al día?"

Irremediablemente una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. Algo tan simple como una caña con un viejo amigo, bien sabía que entre ambos, podía degenerar en mucho más, y por supuesto es justo lo que yo deseaba, al responder entre balbuceos un “si claro” “Pasa por casa”.

-         - " Estoy ahí en 15 minutos".

Para acto seguido colgar. Sabías de sobra dónde estaba mi casa, horas de desenfreno precedían nuestra relación. Pero yo no tenía claro el objetivo; tú decidiste que llegó el momento de parar, y ahora tú sólo me habías buscado.

Corrí al armario, me puse mi vestido negro de media manga, por encima de la rodilla, y las medias de blonda. Era una caña, pero era contigo y eso era mucho más; siempre más.

El sonido del telefonillo me sobresaltó. Corrí a la puerta sin descolgar y mientras el ascensor descendía, sentía como mis muslos se mojaban y temblaban instintivamente. Te ví tras la puerta de entrada del portal. Tan guapo, con ésos pantalones negros de vestir, entreví  bajo tu cazadora, la camisa blanca, con el primer botón desabrochado que resaltaba frente al moreno, siempre moreno... excitante...y perfecto. Caminé con paso seguro sobre mis tacones altos. Abrí la puerta con determinación y me rodeaste por la cadera, contra ti,  apretándome contra tu vientre. En segundos, tu lengua había invadido mi boca y esa acción profunda e  instintiva, marcó el preludio de tus intenciones.

Me soltaste, dejándome sin aliento, y comenzamos a caminar juntos calle arriba. Encontramos una cafetería, y nos detuvimos para tomarnos esa caña pendiente. Nos sentamos en una mesa apartada, sin parar de hablar, de contarnos todos los detalles, tu familia… sé cuánto les adoras, mi caótica vida, pero particular a la vez.... Nuestros ojos, perdidos en los del otro, oscilaban entre una mirada amistosa y el deseo más oscuro y profundo de tenernos. Nos mordíamos los labios, nos lamíamos, nos pedíamos guerra, y ambos, en el fondo de nuestro cuerpo y nuestro pensamiento lo sabíamos.

Sentí como tu mano comenzaba a rozar mi muslo bajo el mantel. Estaba muy excitada, pero no sabía bien en qué punto estábamos. Jadeé ante tu contacto, y controlando la situación, como siempre hacías, me dijiste “déjate llevar”. Nunca he disfrutado con nadie como cuando me he dejado  llevar por tus perversiones. Te deseaba, y simplemente obedecí. Abrí mis piernas ligeramente. “Quitate las bragas” fue la siguiente frase que escapó entre tus labios. Obedecí de nuevo, de inmediato, bien conocía hasta qué punto disfrutaba con tu depravación.

Me las saqué bajo el  mantel, sin dejar de mirar tus ojos de deseo y perversión y te las dí.  Te acercaste la silla más cerca de mí. Pude sentir como tu aliento caliente, surcaba mi piel. Tu mano, bajo el mantel, comenzó a palpar mi cuerpo, mi muslo y mi coño, hambriento de ti.  Podía sentir como la excitación se apoderaba de mi ser, mientras leía en tu mirada el calor de la situación. Tus dedos juguetones, abriéndose paso entre mis dobleces, y tu juego; que entornaba mi mirada, sin importarme que el resto del bar intuyera lo que estaba pasando allí. 



Me hacías tan tuya que me da miedo. El “Vámonos” de tu boca, fue el preludio de que te levantases y me ofreciéses tu mano. Agarrándome suave por la nuca, la acercaste a mi boca y con "huele", pude sentir como tu piel, impregnada de mis fluidos, olía a mí. "Como no voy a desearte con este olor", fueron las palabras que me hicieron caminar hacia la puerta, entre el temblor de mis muslos ansiosos.


Caminamos juntos de nuevo. Sin bragas, pero más tranquilos. Hablamos del tiempo, del trabajo y de la vida. Justo antes de que al girar una esquina, me paráses, empujándome contra la pared, apretándome contra ella para acercar tu nariz a mi cuello, mientras una de tus manos, subía mi vestido, y alcanzabas a palpar mi coño con el matiz de uno de tus dedos.

-          - “necesito un día para mí, dámelo por favor”

Tus palabras detonaron una bomba en mi interior, te deseaba, no podía más. Un “sin favor”, escapó de entre mis labios. Cogiste tu móvil, sin decir una sola palabra más, y con un “te envío la dirección ahora mismo. Quiero a los dos” Colgaste el teléfono y agarrándome del brazo me susurraste "volvemos a tu casa, nos esperan en unos minutos".

Al llegar a la puerta de casa, ví como un par de tíos estaban parados en la puerta. Les saludaste y les llamaste por sus nombres. “Ella es” dirigiéndose a mí, y ni una sola palabra más, previa al momento de subir en el ascensor, y entrar en mí casa.

Estaba tan excitada que no sabía bien cómo reaccionar, te conocía y sabía que me ibas a hacer sentir lo que nunca nadie ha logrado, pero hacía tanto de eso... Les indicaste, con seguridad, que se sentasen en el sofá, fui a hacer lo mismo, pero me dijiste que no. Un “estas segura de querer dármelo?”, fueron tus siguientes palabras; t “Estoy excitada como una perra” las mías.

Un “hacedlo” firme, me hizo estremecer, de pie, en el salón. Los dos se desnudaron, acercándose a mí, para después hacerlo conmigo. Uno de ellos, me tumbó en la mesa del salón, mientras yo veía como tu estabas ya desnudo en el sofá. Comenzaron a masturbarme sin preguntar. Dos hombres que no había visto en mí vida, estaban metiéndome los dedos en mis orificios más sexuales. El moreno, desde atrás, escupía mi trasero, mientras le dilataba lento. Jadeé, al ver como estabas masturbándote en la distancia. 

Me pajearon no más de 2 minutos, cuándo empujándome hacia atrás en la mesa, comenzarón a follarme el trasero; en órden, primero el moreno y después el rubio. Yo sólo podía gritar, ante la falta de previos, mientras sin mesura, los tres, disfrutabais del espectáculo. Adoraba sentirme así contigo. Me follaron con fuerza el culo, durante al menos 20 minutos, riéndose. Hoy jugaban ellos conmigo. Estaba tan excitada, que poco a poco, fui abriéndome y disfrutando, hasta que quisieron parar. Me levantó el rubio y me llevó  hacia el sofá, el moreno me colocó y me forzaron a sentarme sobre el rubio, junto a ti. El rubio, me la metió  hasta el fondo al dejarme caer sobre él, lo que provocó un gemido intenso de mi boca. Un alarido, me sumergió en un placer aun mayor, y un llenado tan intenso que me hacía gritar con cada movimiento. El rabo del moreno, me penetraba de golpe el trasero de nuevo. Por un momento sentí como si me abriera en canal, llena, plena. Podía sentir el roce de una polla junto a otra, sobre la pared de mi vagina que separaba los dos orificios por los que estaba siendo empalada, por dos desconocidos, una y otra vez. Gritaba del gusto, mientras ellos incrementaban sus movimientos. Tu rabo, duro, se tensaba, a mí lado, al mismo movimiento de tus manos.



“Folladla más duro, saciarla, si sois capaces” es lo único que dijiste, antes de que ellos, comenzasen a follarme de manera más brutal.





 El de atrás gemía en mi nuca, mientras el de delante exhalaba su aliento frente a mi rostro. Los movimientos de ambos, impedían los míos. Sus entradas en mí, cada vez eran más profundas, mientras la rapidez de cada viaje iba in creccendo, deacuerdo a la necesidad de verme colmada que me daban tus ojos. Gritaba de dolor y de gusto, mientras los desconocidos me follaban de forma incansable. Notaba como sus pollas se tensaban en mi interior, surcando mis pliegues interiores, por delante y por detrás; hasta que el de mi espalda,  se corrió en mi trasero. Automáticamente, tuve un orgasmo, sin que el rubio dejáse que me moviese de mi posición.

Me corrí  sobre su falo, empalándome sin descanso, mientras mis gritos invadían la habitación. El moreno bombeaba sobre mi trasero, mientras gruñía del gusto de sentirme así. Siguió penetrándome unos minutos más, mientras el rubio movía su cadera desesperado, hambriento de mi placer y mientras tu te masturbabas como un loco frente a mis ojos; sin dejar de mirarnos, más que cuándo mi mirada se perdía en el abismo de placer en que me habías sumergido. “Dadla más, más fuerte, intentad saciar a la puta”.

Gemí al oir tus palabras, mientras el rubio me empalo hasta el fondo. Sentí como su rabo tocó muro en mi vagina, y como su leche se derramaba en mi interior, mientras yo me dejaba ir sobre él de nuevo;  en el segundo orgasmo para ti. Al escuchar como gritaba de placer, te corriste en mi sofá, gritando un “puta” que me dejó sin palabras; tu y yo nos entendíamos y sabíamos que justo esto es lo que necesitábamos los dos, lo que deseábamos y lo que nos unía.


El rubio me desensartó de su falo. Y me dejó tendida en el sofá. Ambos se vistieron, les pagaste y se marcharon, mientras yo me quedé exhausta. Les despediste, desnudo, antes de volver al salón, mirándome de ése modo en que sólo tú sabes mirar. Te sonreí a la vez que veía como tu rabo comenzaba a crecer de nuevo al acercarte a mí. Te arrodillaste a mi lado, en plena erección de nuevo, mientras uno de tus dedos recorría mi espalda “eres increíblemente preciosa”. Sonreí de nuevo, del modo en que sólo la mayor complicidad puede regalar, justo antes de que me dijeras “ahora es mi turno cielo…quiero colmarte”… Me diste la vuelta en el sofá,  "abrete" fueron tus palabras, justo antes de meter tu cuerpo entre mis piernas, aun temblorosas; y atento a cada uno de los detalles de mi coño, comenzáste a pajearme entre los jadeos de mi boca... 



Mi vagina, se contraía ante las caricias de tus dedos y la perversión sexual de tu mirada, pero no te detenías, estaba justo dónde querías y dónde yo quería estar. Me mirabas a los ojos, para ver como estaba disfrutando de esto, tanto como tú, mientras cada vez me metías tus dedos más al fondo. Pronto tu rostro rozaba mi piel y tu cabeza la cara interna de mis muslos. Tu lengua devoraba mi coño empapado, y tu susurrabas un "puta" entre los labios, mientras ventoseabas mi sexo y me follabas con la lengua una y otra vez, ante la atención de mis ojos...



Me corrí sobre tu boca, sin ni siquiera darte cuenta. Hilos de mi yogur diluido, mojaban tus comisuras, mientras tú no dejabas de beberme y torturandome con el placer de tu deseo. Grite del gusto, a la vez que convulsionaba sobre ti. Te incorporaste lento frente a mí. Observaste mis agujeros irritados y mi cuerpo exhausto y expuesto a tus perversiones. Reparé entre sueños, en tu falo, erecto y erguido frente a mí. Te sentaste sobre mi rostro, echado hacia delante; y recuperando mi aliento, me metiste a la fuerza el rabo en la boca. Tensé mis labios, ante tu envite, y comencé a replegar tus pliegues alrededor de mi boca, exhausta y hambrienta siempre de ti.


Dese tu posición, no dejabas de tocarme el pecho, mientras veías como me follabas la boca sin descanso y como mi coño, se contraía y dilataba ante el atento despliegue y repliegue de tu polla en el interior de mí. Podía sentir como tu glande rebasaba mi campanilla en algunas embestidas, y como estabas disfrutando de semejante placer; eso disparaba el mío, siempre dispuesto para ti. El sabor de tu rabo, y ésas gotas difusas, disparadas sobre mi lengua, no hacía más que acrecentar mi deseo por ti. Me follaste la boca por minutos o tal vez horas, disfrute de cada ahogo y cada entrada, hasta que te saciaste de ella, sacándomela y obligandome a prescindir de ti.

Agarraste una pierna con cada mano, doblándomelas en torno a mí y me la metiste de un golpe. Entrabas y salías de mí como un juguete, sin dejar de mirarme a los ojos. "puta zorra, quiero saciarte", mientras yo te sonreía, colmada y aun hambrienta, era lo único que se oía en el salón. Nuestros jadeos acompasados con embestidas sobre mi ajado coño eran música para nuestros oídos. Podía notar como las venas de tu rabo me surcaban duro, una y otra vez, mientras me forzabas a abrir más las piernas en cada empalada. Gritaba del gusto, mientras tus gruñidos empañaban las ventanas. 



Dentro y fuera... y cada vez más rápido... entrabas y salías de mí.. gritos.. gruñidos y respiraciones acompasadas, marcaron el preludio de los alaridos de otro orgasmo entre los dos y de los dos... empapados uno en otro y siempre y aun hambrientos de más...