En cada rincón...un submundo...

lunes, 19 de septiembre de 2016

Y se paró el tiempo II...

Movida por no sé qué fuerza... y por no sé muy bien de dónde... cogí mi copa en la mano... y comencé a recorrer los metros que separaban el cara a cara de la barra de aquel bar. Daba igual que fuera uno o que fueran mil. El tiempo estaba parado, y quizá también el espacio; y si me detenía un instante a saborear cada sensación, sabía que sería, y seríamos, ambos, capaces de escuchar el tamborilear de mis tacones acercándose a ti. Nos mantuvimos los ojos, mientras el vaivén de mi cadera marcaba el discurso que iba a suceder, pero me quedé muda. Según sentía el olor... ése olor... el de tu piel.. el de tu cuerpo... ése que nos dió y nos quitó tanto... el de nuestro sabor mutuo;  mis labios quedaron paralizados, ante la ternura que escrutaba en el calor de tu mirada.

Tu, impasible, paralizado, sin apartar tu mirada clavada en mí. Ni siquiera sonreías con los labios, sólo con la mirada, ésa que no engaña, y que dice aquello que el cerebro tiene prohibido transmitir a la boca. Me senté junto a ti. No sabría definir si lo que sentíamos era miedo, admiración, ó ese amor mutuo que no dejó de crecer durante mucho tiempo; como dicen por ahí... "se nos gastó el amor...".

Bebiste de tu copa, apartando los ojos de los míos. En ése instante parece que el tiempo volviese a avanzar, hasta que los recuperé. Segundos que se hicieron horas, y momentos que se hicieron únicos. Probablemente y de forma incontrolada, comenzaste a morder tu labio inferior. Al ser consciente ambos de lo que estabas haciendo, nos sonreímos, por primera vez cerca, por segunda vez lejos... y sé que una sola idea rondaba nuestra cabeza, y no era otra que la canción que vivimos aquel primer día... aquel en que por primera vez nos sentimos la piel... aunque ya la teníamos gastada de tanto rozarnosla... "no te muerdas el labio... puedes morderme a mí". Hasta que no acabé de decirlo, no me dí cuenta que no era mi cerebro; sino mi boca la que la pronunciaba... la misma frase que aquel día en aquel bar... "de bar en bar... un copa aquí... una copa allá"....

Sonreiste.. de ése modo que me aceleraba pulso y corazón... de ésa manera, que tensaba mis muslos, mis pechos y mi cuerpo entero, justo antes de agarrarme la barbilla y acercar mi boca a la tuya. La abrí en canal para ti, para que tu lengua la barriera rápido, con ansia, dulce... puro... de ésa forma como tu sólo sabes besar, haciendo magia entre los dos. Y no pude evitar recordar, cuándo aquel día, abrazado a mis piernas, yo tuve ésa misma reacción, la de devorarte como si fueras mi presa.... mía... sólo mía.... luego el tiempo me diría que no podría ser... pero no por ello, dejaría de serlo...


Me sujeté contra tu cuerpo... deslizando mis manos a tu espalda, mientras que nos comíamos la boca... sin pensar, sin medir; como si el hambre que nos teníamos se hubiese acrecentado en cada día de ausencia... física, psicológica y emocional. Tu mano, lenta, se deslizaba por debajo de mi falda, mientras yo soltaba mis muslos ante tus caricias. Bien sabía, que teníamos el tiempo que nuestras almas habían detenido... ése tiempo que nos había devuelto al pais de nunca jamás... que tendría principio y fin, pero durante esta parada del autobús de la vida, que ambos habíamos decidido tomar, eramos magia.... y ninguno de los dos quería que el segundero volviera a avanzar...

Después de minutos devorándonos. Detuviste tus besos. Miraste al fondo de la barra. Sé lo que estabas pensando;  lo mismo que yo, al parar mis ojos sobre mi copa de cristal. Nos devolvimos la mirada a la vez, para sonreirnos y ratificarnos en el "robado" del momento que estábamos teniendo. Bajé del taburete, me coloqué entre tus piernas y nos abrazamos.

 Tu olor... a limpio...a experiencia... a magia... a vida... nunca podré olvidarlo, ni siquiera quiero hacerlo. Tu manera de inhalar mi aroma  a libertad... a indecisión... a extremos.... no hacía más que acelerar la respiración de mi pecho contra el tuyo y acompasarse ambos, como tantas veces, con tanta gente.. pero solos... tan cerca y tan lejos...



Ninguno de los dos esperaba esto... Sé que ambos recordábamos en ése preciso instante... ó tal vez en ésa precisa hora... de abrazo eterno... de momento único... de momento nuestro....ése en el que recuperamos nuestro lugar en el mundo....todo el tiempo que soñamos... que sonreímos a la vida, por tenernos... tan cerca y tan lejos... como eramos... como somos....

Nos separamos despacio. Te tomé la mano y nos acercamos al baño del bar. Necesitaba la intimidad que difícilmente tuvimos... pero que supimos buscar... la que nos robaron y la que nos robamos, la que perdimos y la que a la vez nos regalamos.... 

Entramos en el baño. Me empujaste contra la pared de golpe, abrí mis muslos para dejarte entrar; ambos... nos conocíamos tan bien que nos sobraban las palabras... no podíamos ya más que pensar en estar dentro... del cuerpo y del alma del otro...

Tu boca... sedienta de mi saliva, apaciguaba su aliento sobre la recepción de mis labios y mi lengua... hambrientos de ti. Tus manos, bajo mi falda, dibujaban el marcaje de mi sexo, húmedo y caliente por y para ti. Como nunca, como siempre... pero como no puede ser con nadie que no seas tú. Abriéndote paso entre mis bragas, palmeaste mi clítoris engrosado; mientras yo era quién mordisqueaba ése labio inferior que me volvía loca, loca por ti; porque si alguna vez lo estuve, fue para ti.

Me metiste dos dedos fuerte, con premura, con necesidad; la de años de contención y espera... quizás.. o no. Pude sentir como los abrías en "V" en mi interior, mientras los movías al compás en que mis pechos rozaban tu torso ya desnudo. Mis manos, posadas en tus nalgas, acariciaban tu trasero; ése que no podía evitar buscar en cada contacto contra mí. Podía sentir sobre mi vértice como bajo los vaqueros, tu erección presionaba como lo hizo siempre. Una frase martilleaba nuestras cabezas y era el "si hubiésemos coincidido en espacio y tiempo... seguiríamos juntos.. porque no podría ser de otro modo". Los dos lo sabíamos, los dos nos necesitábamos.. lo que no estaba claro es si cerca ó lejos...

Jadée cuando me dí cuenta que habías lanzado mi blusa y mi sujetador al fondo del lavabo y tus labios carnosos y ardientes, mordisqueaban mis pezones duros. Sólo era capaz de abrazar tu cabeza apoyada en mi pecho, mientras no dejabas de darme el placer, ése que te morías por darme cada día "yo quiero hacerte feliz" y ésa frase impregnaba de vapor... frío.. helado.. los azulejos del baño.

Te agarré la cabeza y te forcé a subir contra mi rostro. Ahora era yo la que necesitaba comerte la boca, aquí y ahora. Te devoré durante minutos, mientras me deshacía del botón de tu pantalón y liberaba tu incipiente rabo; lo adoraba... su forma.. tu tamaño... su olor... su sabor... Me lancé de rodillas al suelo, obligándote a sacar de mí tus dedos. Jadeaste al verme allí... mientras sujetando con una mano mi polla, porque era mía.. deslizaba mi lengua de la punta  a la base por cada uno de tus perfiles afilados. Tus ojos vidriosos clavados en los míos, húmedos, eran la conversación que necesitábamos tener... ambos sabíamos que aquella reacción nada tenía que ver con la pena... sino con lo que nos teníamos... y lo que nos tenemos.... Mordisquee tu glande, mientras apoyabas tus manos contra la pared, para después, metérmela completamente en la boca.


Adoraba el sabor de tu piel excitada entre mis labios... el sabor de tu cuerpo desnudo... me detuve.. con tu punta al fondo de mi garganta... para alargar el instante de máximo éxtasis que nos estaba regalando el reloj. Comencé a comerte lento... degustando el placer de ser mío, dibujado en la tensión de tus perfiles, duros, fuertes. No movías tu cadera, sabías, porque me conocías mejor que yo misma, que este regalo no era solo de placer para ti, sino que era el momento de éxtasis que yo necesitaba entregarte. Jadeabas al mismo ritmo en que mi boca recorría cada doblez, sin moverte. Mientras yo babeaba tu falo, el mío, de mi saliva... la misma que a ambos nos dio y nos estaba dando pura magia.

Podía sentir como necesitabas más premura en mis movimientos; como sabía, que yo los habría hecho eternos, pero allí; eramos nosotros, los que fuimos y los que somos. Intuía que el fin llegaba, justo cuándo una gota de tu placer supuraba del umbral de tu espada. Tragué, sin dejar de mirarte, sin detenerme;  esperando más, hasta que te corriste en mi boca, apoyando tus manos en mi cara, mientras me llenabas de tu placer y del mío, sin dejar de mirarme. En ése instante, sólo yo, solo mi cabeza y solo mis ojos, podían sujetarte de pie. Tragué sin dejar de comerte hasta que me diste sólo un poco de cuánto necesitaba. Me levantaste sin pensar, y comezáste a devorar mi saliva y tu semen de las paredes de mi boca;  ansioso, hambriento, sin apartar tus manos de mis mejillas. Ambos nos deleitábamos con el sabor de nuestro deseo mutuo.. de nuestra magia..

Te giraste sobre mi... me sentaste sobre el retrete, y antes de darme cuenta, me encontré con tu rostro entre las piernas. Tu nariz se abría paso entre mis labios inferiores. Podía sentir como inhalabas, como tantas veces aquí y allí... habías respirado el sabor de mi excitación. Notaba como la humedad de mis ganas.. por y para ti.. mojaban tu respiración. Tu aliento, dulce, cálido, hacía subir aun más la temperatura de mi sexo, tu sexo... porque creo que al final, jamás ha sido tan de nadie como tuyo. Tu lengua comenzó a lamer cada rincón, de forma visceral. Tu mirada detenida sobre mis ojos, me enseñaba lo que yo ya sabía, y es que esto no podía ser de otra manera... o quizá sí.. y no queríamos cambiarlo..




Hacías suaves círculos sobre mi entrada, mientras se contraía en el mismo baile de tu respiración sobre ella. Gemidos escapaban de entre mis labios, mientras jugueteabas con mis muslos alrededor de ti. Tu apéndice... la continuación de una boca que derretía icebergs... comenzó a follarme... en el mismo instante en que mi mirada no podía más. 


Hubiése movido mi cadera, para buscarte, pero yo también sabía que este era tu momento, el de llenarte de mí y hacerlo conmigo... Jadee, suspiré y grité, mientras tu lengua barría las paredes de mi vagina. Mis manos quedaban suspendidas en la trasera de la pared y yo sin moverme contenida para ti, solo para ti. Te movías en mi interior más rápido, mientras una de tus manos jugaba con mi clítoris. Sabías que no podía más y tu no querías que pudiera, contrayendome ante las caricias de tu boca y abrazando tu lengua en mi interior me corrí para ti y en ti.. y una vez más supe, que jamás nadie me daría semejante grado de placer...el placer de follarme el alma...

Te echaste hacia atrás despacio... asegurándote que ya había recuperado el aliento... y apoyándote contra la pared me ofreciste tus manos como soporte. Aun me temblaban las piernas cuándo me incorporé y me eché contra tu pecho desnudo, sudado. Me abrazaste de ése modo que nunca se olvida y siempre se necesita.... y permanecimos allí... en un sórdido baño, que habíamos hecho sede de nuestro hogar en el pais de los sueños;  en silencio.....mirándonos.... respirándonos... sintiéndonos... tal vez amándonos... robandole tiempo al tiempo...ése mismo que un día nos distanció...



CONTINUARÁ....











sábado, 17 de septiembre de 2016

Y se paró el tiempo I...

No pude evitar que mis ojos se cruzasen con los tuyos. Pura casualidad nos llevó a encontrarnos, dónde no debíamos, ó dónde sí debíamos. Tal vez porque somos tan iguales y tan distintos, tal vez por éso no fuimos  lo que sé, estábamos destinados  a ser; pero tal vez por ello, tuvimos la misma reacción. Apartamos la mirada, mientras en el fondo de mi estómago y en el tuyo comenzaron a removerse todos los recuerdos que ambos nos habíamos esforzado en enterrar. 

Pero al mismo tiempo en que ambos nos regodeamos en lo que nos envolvió durante años; nos buscamos de nuevo, impacientemente, y de punta a punta de una barra de bar repleta de gente. Personas gritando, cantando y bailando y a pesar de éso y sé, porque sé quién eres, sé que el silencio se adueñó del bar y sé que la gente, la música, todo, se fue para dejarnos paso a NOSOTROS. 

Nos clavamos los ojos, temerosos, ansiosos, pero extraños. Ninguno de los dos esperaba volvernos a cruzar y la casualidad, la causa y el efecto, lo que podía ser y no fue, nos habían llevado a encontrarnos. Podría haber sido que incluso en este local, tan grande, y tan abarrotado, estuviésemos a metros y no habernos localizado, pero creo que la atracción seguía intacta, que la magia estaba viva, y que justo éso, ésas estrellitas destelleantes de una varita mágica, giraron nuestros ojos en busca del otro.

Ahora nos mantuvimos la mirada. Nuestros pensamientos, mucho más profundos que la superficialidad de unos ojos, leían más allá de todo y recorrían el minuto a minuto de una relación tan intensa y tan pura como la que más. Una relación tan real y tan diferente como la infinita. Mis ojos en realidad no querían ver los tuyos, querían leer tu interior. Ése saber qué sería de tu vida, de tu mundo, de tus viajes, de tu pareja.... de mí en ti. Y los tuyos, escrutaban cautos la expresión de mi cara. Muchas veces me dijeron que los ojos son el espejo del del alma y tu querías saber qué había dentro de ella. 

No sonreíamos... no pestañeabamos, me atrevería a afirmar que la expresión de nuestra cara no se movió un ápice durante minutos... ó tal vez horas... pero podía sentir como a medida que los instantes se sucedían mi respiración se agitaba... como mi cuerpo comenzaba a temblar ligeramente y como mi piel se hacía de pollo ante la presión de tu ser... tan cerca... tan lejos a la vez...

Una imagen reververaba en mi cabeza.... sin parar de tamborilear una y otra vez... y es el de dos personas abrazadas... ambas... sabiendo que era el final de algo que ni siquiera tuvo ocasión de empezar y que ya había sido eterno... despidiéndose... y susurrándose un "no te olvides de mí"... seguido de un "éso nunca va a poder pasar... pase lo que pase"... Conscientes ambos de que no habría otra ocasión, pero queriendo agarrar el instante para que jamás llegase a escapárseles de las manos...

El momento, eternizándose sobre el espacio vacío dibujado en la expectación de dos miradas... no hacía más que acrecentar la tensión de nuestros cuerpos... y nuestras almas...

En tu cabeza.... la imágen de dos personas abrazadas en un sofá... mirándose.... acariciándose... tan lejos... tan cerca... tan juntos... y tan distantes.... Tu pecho respirando fuerte y la expresión de tu boca inamovible... dura y firme... pero tus piernas ligeramente dispares, haciéndose conscientes del inesperado momento que estábamos viviendo solos y juntos en la lejanía más atemporal...

Ésa capacidad solo nuestra para definir en qué tiempo y en qué espacio habitábamos... solo nuestro... solo de los dos... y ésa magia capaz de llenar el mundo...nuestro mundo... y que quedaba patente en las sensaciones que recorrían nuestro cuerpo una y otra vez...en este bar... en este silencio y en este momento... Ésa lluvia de estrellas capaz de convertir los kilómetros en centímetros... y el frío del mar en el calor más humano.... Ésa lluvía que sólo era capaz de mover el mundo si nuestras almas latían juntas,  al hacerlo volar....

No nos movíamos... paralizados por los recuerdos, las sensaciones, la magia... tal vez rotos por la situación... tal vez más presentes de lo que estuvimos jamás... o tal vez más ausentes de lo que estuvimos nunca... pero más juntos de lo que en ningún modo,  imaginamos volveríamos a estar.... 

El mundo se había detenido... la Tierra había dejado de girar y el tiempo se había parado... para trasladarnos al país de nunca jamás en el que vivimos tan cerca y tan lejos... y que fue nuestra pasión y nuestro fin...

Tragué saliva como primera reacción en minutos... titubeé entre sonreir o dejar de hacerlo... aun recuerdo con cautela cuándo decías que era el motivo de tu sonrisa... y sin pensarlo... una mueca agradable se abrió paso en mi cara.... ni yo misma pude medir lo que hacía... y ciertamente así había sido siempre contigo... o tal vez no... y por éso no hubo ocasión...

Mi sonrisa... cuál mariposa que mueve sus alas y algo gira en el otro lado del mundo... provocó una reacción en la expresión de tu rostro.... podía reconocer el nerviosismos soslayado en tu expresión... mientras te relamías los labios para después hacer un giro de sonrisa al morderte el labio inferior.. sí, ése que tantas veces ví como devorabas suplicando (me)...

Mi sonrisa se combó más amplia, al comprobar que por raro que resultase... no habíamos cambiado tanto... o tal vez sí... o tal vez sólo lo suficiente....

CONTINUARÁ...




lunes, 12 de septiembre de 2016

Ebullición... nuestro momento...

Contraje mi cuerpo sobre la hendidura surcada de tu espada. Sentí como cada pliegue de tu piel, dibujaba en el lienzo de las parapetos de mi placer… curvé mi apetito sobre la búsqueda de tu piel… mientras recibías mi vaivén ante el envite de tu estocada…



Gruñidos extasiados recorrían el sudor de mi cuerpo… mis pechos erguidos buscaban el roce de tu torso desnudo y húmedo… Jadeos entrecortados rezumaban sobre cada uno de los poros de nuestra tez desnuda…

Tu boca hambrienta de mí… y la mía sedienta de ti… se amasaban sobre caricias infinitas relamidas en nuestras lenguas… ambas… colmadas de apetito  y ganas… sustentadas sobre el otro…


Cuerpos mecidos sobre el deseo…. Y almas rezumantes de placer y codicia… bailando todos,  al ritmo de la delectación y la entrega más profunda; entrega, entre dos que no pueden más que acariciar la melodía de la complacencia del otro, y que se otorga a quién se dá en cuerpo y alma…


Tu falo duro e hiriente al fondo de mis entrañas agradecidas… y mis muros enaltecidos sobre el calor que tu fuego provoca…todos… friccionando la tensión del momento, en la danza del deseo más recóndito e insondable…



El aliento de tus labios derramado sobre mi rostro y el hálito de mi boca empañando la pasión del tuyo… respiraciones que se entrecortan con cada nueva oscilación sobre nosotros mismos… convirtiéndonos ambos… en el columpio del otro…


Profundidad sobre el abismo del placer de la cima de tu gusto….y del mío… y abrazos en el fondo de mi vértice… amasando cada caricia… cada vez más brusca… cada vez más grande… sobre la tensión de tu  deleite…

Reclamos engrandecidos y transformados en bruscos movimientos de cuerpos y almas… gritos ensordecidos por los labios de quién los guía… compases marcados por las peticiones mudas del otro….


Lento… suave… más rápido… fuerte… intenso… duro….siguiendo las instrucciones que sólo la autoridad de dos miradas y dos bocas que se entregan, pueden reclamarse….exigiéndose el todo...


Ebullición… ése punto exacto…en el que dos almas… se derraman una sobre otra…. Empapándose la piel… codiciándose el espíritu… mordiéndose los gemidos…. E imperándose lo que es suyo…

Nos regalamos... 

Nuestro momento….









jueves, 1 de septiembre de 2016

Atada al deseo...

Era demasiada contención para excesivas ganas… La tensión se mascaba en el ambiente como el río cálido del deseo abre en canal el gemido excesivo ante el orgasmo…

Te acercaste despacio a mí. Podía sentir el olor de tu cuerpo semidesnudo y tus ganas, mientras desabrochabas cada uno de los botones de la parte superior de mi blusa. Mis pechos, erectos y libres, quedaban expuestos ante la lujuriosa mirada del verdor de tus ojos felinos. Jadeé, a sabiendas de lo que nos esperaba. 

Me empujaste sobre la cama, mientras te relamías los labios y te bajabas los vaqueros y los boxer, dejando al aire tu polla, más que dura y grande, enorme, diría yo. De un solo tirón y andando a cuatro patas entre mis piernas, retiraste falda y bragas para incidir directamente en el hueco entre mis piernas con la nariz. Pude sentir como aspirabas el olor de mi deseo, mientras tu nariz hurgaba sobre la desnudez y la humedad de mis dobleces, ansiosos por sentirte más y más.
Jadeé mientras restregabas tu rostro caliente sobre mi piel, a la vez que notaba la misma calidez de tu aliento invadiendo mi entrada, la única entrada que me hace perder hasta la razón.



Levantaste la mirada para observar mi rostro, justo en el mismo instante en que instintivamente me mordía el labio inferior observándote y deleitándome con todas y cada una de tus caricias. Agarraste mis bragas con la mano, e incorporándote sujetaste  mis muñecas, juntas,  al cabecero. Me lamías los labios al mismo tiempo en que ibas haciendo el nudo. 


Como movido por una actividad concertada, deslizaste tu lengua por la cara interna de mis muslos, la rodilla, el tobillo, para después saborear la tensión de mis dedos. Cogiste el sujetador y me amarraste el pie a una de las esquinas de la cama. El recorrido de tu lengua fue el mismo, en órden inverso; cuándo mi boca, exhaló un gemido exhausto de sensaciones, al llegar a la confluencia de mis muslos, para después de recrearte en el punto exacto, descender por el otro lado lentamente. Con mi propia camisa, amarraste mi otra pierna a la otra esquina, mientras mi cadera no dejaba de moverse suavemente, en busca no sé bien de qué, pero sí sé de quién; a la vez que te incorporabas para quedar erguido entre mis piernas y mirarme indiscretamente.

Leía las ganas en tus ojos, como en tu pensamiento, sin poder contener los jadeos saliendo de mi boca. Sé, sabía y sabré que eras una bestia, pero allí esperaba que me lo dejases completamente claro. Sonreí mordiéndome el labio ligeramente, cuándo te dejaste caer sobre mí  y comenzaste a jugar con mis pezones en tu boca. 


Notaba expresamente como se endurecían bajo tu lengua, a la vez que tus manos abrían ligeramente más mis piernas  y con una de ellas, comenzabas a palmear el abultado de mi clítoris, ansioso de ti. Tu aliento en mi pecho y las caricias de tus dedos, me hacían bailar bajo tu cuerpo. El serpenteo de tu piel sobre mí, me provocó un escalofrío, al sentir como tu boca, se posaba en mi oído y comenzabas a mordisquearme la oreja; mientras un susurro, que llenó mi cuerpo y mi mente de más deseo, si eso era posible, me electrizó el cuerpo 

así, justo así,  eres mi puta, nena

Ésa palabra que fuera de contexto podía generar el desastre, me  puso tan caliente que me hizo gemir, en voz alta, mientras que toda la movilidad que tu cuerpo y tus amarres me dejaban, se concentraba en sentir tu piel sobre la mía.

Te incorporaste erguido entre mis piernas. Mis ojos oscilantes entre el rabo que me apuntaba y tus ojos, cargados de lujuria, no me dejaban pensar más allá de tu cuerpo desnudo. Mirándome fijamente, hundiste de golpe dos dedos en mi vagina.


Grité del gusto y la virulencia, al sentirte dentro de mí, mientras comenzabas a masturbarme sin dejar de mirarme,  al ritmo justo,  para hacerme enloquecer. Los jadeos se sucedían en mi boca, mientras mi respiración se aceleraba de forma progresiva. Jugabas con mis pezones, duros, según se balanceaban al dulce vaivén de mi pecho que se simultaneaba a los envites de tus dedos en mi coño. Podía sentir como los abrías ligeramente dentro de mí, rozando mis fondos, a la vez que acrecentabas el ritmo a la velocidad de mis gemidos. Con la otra mano sujetabas mi vientre, para que no me moviera, mientras susurrabas

 “quieta nena… eres mía…será cuándo yo decida… solo yo quiero dártelo y que tú me des lo que busco”…

Palabras que se deslizaban entre tus labios progresivamente….


La velocidad de tus caricias iba aumentando, a la vez que mis jadeos y la presión de los dobleces de tu polla crecía en consecuencia. Un tercer dedo invadía mi cavidad, mientras mi  boca comenzó a suplicarte un

no pares” 

Que no hizo más que hacerte presionar más dentro en cada entrada.  Bombeabas con tus dedos sin clemencia, mientras mi cuerpo se retorcía del gusto percibiendo la proximidad del éxtasis, ante tu atenta mirada. De repente bajaste el ritmo… sin detenerte completamente, sonriéndome lascivo 

será cuándo yo decida nena…”

 Tus palabras no hacían más que  agrandar mi placer. 

De repente, sonriendo, empezaste a bombear duro, más rápido y sin tregua, echado ligeramente sobre mí; sientiendo mi aliento caliente, el de mis jadeos, sobre tu cara; penetrándome rápido, duro, con tres dedos. Podía sentir como el orgasmo estaba allí, pero no podía dejar de buscar tus ojos inconscientemente, buscando ésa aprobación; la única que podía darme el éxtasis en ése instante. La transmisión de tu mirada, me convirtió en río bajo tu mano.
Me enredé en la medida que pude ligeramente en tu cuerpo, mientras me corría sobre tus dedos, que no dejaron de penetrarme ni un solo segundo, mientras mis fluidos empapaban tu mano y mi coño se contraía abrazando tus caricias, ante la imposibilidad de contraer mis muslos para retenerte. 

Gemí durante un rato, él mismo en el que tus dedos fueron definiendo la forma de dejar de masturbarme para salir de mí lentamente. Volviste a incorporarte frente a mí…. Duro, nunca te había visto tan duro, mientras creía que iba a perder la razón, al observar los movimientos de tu cuerpo, acercando tus dedos sobre tu boca y deleitándome con la forma en que saboreabas los fluidos que tú habías provocado sobre el calor de mi cuerpo expuesto.

 “No tienes ni idea de lo bien que sabes”.

Ésas palabras fueron el preludio, de que te dejases caer contra mí, apoyases cada una de tus manos a cada lado de mi cuerpo y de una sola estocada me la clavases hasta el fondo. Sentí como tu corona marcaba mis dobleces y cómo la presión de tus venas, tensas, sellaba surcos dentro de mi coño. 

Es mi turno nena”.


 Fue lo que me dijiste justo antes de empezar a embestirme brutalmente. Podía notar el momento exacto en que tu mente, concentró sus pensamientos en exclusiva sobre tu polla, y dejaste de ser ganas para ser bestia, ésa que tanto deseo.

Las acometidas de tu espada, me desplazaban sobre la cama, con la limitación de tus ataduras, lo que no hacía más que hacerte llegar más profundo, más al fondo.... Gruñías cada vez que tu punta sobrepasaba la entrada sobre mi cueva, cogiendo impulso para llegar hasta el final. Los gemidos de mi boca, se acallaban, ante la presión de tu aliento sobre mi cara. Dentro y fuera, fuerte, duro, una y otra vez… cada vez más rápido, cada vez más grande… 

El choque de tu cuerpo contra el mío marcaba el compás de nuestros ruidos… sólo eclipsados por el “chof…chof” de tus huevos chocando contra la humedad que rodeaba mi entrada. Tu dentro y fuera, iba en  creccendo, mientras mi cuerpo te buscaba como podía. Jadeos y gruñidos, movimientos cada vez más bruscos, no hacían más que anunciar lo que iba a llegar…. 


córrete

…. Y tus palabras me regalaron un nuevo éxtasis que fue el preludio de que tu lefa desbordase mi agujero y te dejases caer sobre mí, exhausto, aun bombeando, ya más lento, en mi interior…


Quietos... así... ni siquiera podía moverme, ante los cordeles de mis manos y mis pies y la presión de tu cuerpo y tu respiración sobre mí; permanecimos unos minutos;  la primera tregua. Comenzaste a lamer mi oreja despacio, con lametones cortos, aun dentro de mí y me susurraste

 “espero que no estés cansada… no hemos hecho más que empezar… eres mía"

lunes, 1 de agosto de 2016

Noche de verano...

No sé si es porque estaba indignada, cabreada o ambas cosas, o tal vez porque había perdido dos días de mis vacaciones para nada, pero mi cuerpo me pedía guerra, a pesar de los días tontos que había tenido.

Me puse mi vestido rojo, el del escote pronunciado, y que me llega dos palmos sobre la rodilla y salí de casa, con mis tacones y mi bolso. No perdí demasiado tiempo en arreglarme, carmín rojo en los labios y ganas de sexo en la sangre son una combinación perfecta. El pelo al aire.



Sólo anduve unos cuántos metros, cuándo ya encontré el primer garito abierto. No suelo moverme por la zona dónde vivo ahora, más por la que trabajo, así que esto iba a ser una novedad. Me acerqué a la barra y me pedí un mojito. Antes de darme cuenta, había empezado un tonteo con el camarero que tuvo que frenar su jefe.  Me molestó la actitud de su jefe y salí de allí, con cierto aire de enfado e incomprensión, no sin antes recibir una nota con el teléfono del barman, que tiré según crucé la puerta del local. Estaba claro que no era mi noche.

Caminé durante un buen rato por el paseo, los bares se agolpaban a la derecha y el mar a la izquierda. Era extraño, pero si en principio la idea era perderme de copas, ahora el mar me atraía mucho más. Me quité los tacones los agarré con la mano y me perdí hacia la playa. Me relajaba mucho el sonido del mar. Apenas había nadie caminando, varias parejas, que he de advertir, a estas alturas de mi vida me dan cierta envidia, y nadie más. Durante un rato, anduve yo sola, caminando, mientras el agua me mojaba los pies.

A  lo lejos una silueta se dibujaba en la distancia tumbada en el suelo. Me acerqué despacio, pareciera que estaba desierto, y sentí un pequeño escalofrío que me endureció los pezones. Pero continué mi camino. Según iba acercándome la silueta iba tomando forma, un cuerpo masculino desnudo se retrataba sobre la luz del horizonte. Estaba completamente desnudo. Era un cuerpo moreno, de un hombre alto. Él se acariciaba la polla, evidentemente dura,  mientras yo me aproximaba, no tardé en intuir qué estaba haciendo y un escalofrío, pero esta vez de excitación recorrió mi cuerpo.  Yo quería sexo y obviamente él  también.



Me acerqué... por mi posición hubiese podido evitarlo, pero no quise. Me atraía como los mosquitos a la luz. No me importaba ni el cómo ni el porqué, pero necesitaba aprovechar esta noche como fuera. Un “hola” fue el preludio a que sus ojos me recorrieran de cabeza a pies. Detuvo el vaivén incesante de su mano sobre su polla, mientras me recorría de arriba abajo. Entreví en su mirada profunda y con la luz de la Luna como reflejo, el verdor de unos ojos ansiosos. Otro “hola”, escapado esta vez de sus labios carnosos, contrajo mis muslos y mi vagina. Notó rápidamente la reacción que había provocado en mí. Quería follármelo, allí mismo. Me saqué el vestido frente a él. Comenzó a masturbarse de nuevo, mientras me observaba atentamente. Su lengua recorría sus labios, cuándo dejé mis pechos, duros y excitados completamente al aire. Me saqué el tanga apresuradamente. Probablemente él pensaba que era afortunado, pero con mi carácter extraño de la noche, la afortunada era yo. Más de una vez he contado la manera en que concibo el sexo como descargo de adrenalina.

Con un gesto de su mano, la que tenía libre, me lo pidió. Se lo llevó a la nariz, aspirando profundamente. Pude sentir como el olor de mis instintos más primarios invadía sus pulmones hasta lo más profundo. No dejó de mirarme ni un sólo segundo mientras se llenaba de mi olor y con la cabeza me indicaba que me acercase a él. Soltó el tanga en la arena, mientras me forzó a ponerme de rodillas entre sus piernas. Yo esperaba el sonido de su voz. Sabía que era una locura, pero si algo he aprendido con el tiempo, es que estas locuras son la sal de la vida.

-       -    ¿Qué te apetece nena?

Ésa frase contrajo todo mi cuerpo, completamente desnudo y de rodillas entre sus muslos. Sólo pude dejar salir de mi boca, lo que anhelaba en ése preciso instante, que no era otra cosa que

-        -     Hacerte la mejor mamada que te hayan hecho jamás.

Sonrió, no contestó. Sólo dejó caer el peso de su cuerpo sobre su espalda y abrió un poco más sus piernas. Agaché mi barbilla a su rabo, mientras dejé salir una gota de mi saliva sobre la punta de su polla. Lentamente, exhalé mi aliento sobre ella, mientras saqué la lengua dando suaves lametones sobre su glande. Rápidos, ansiosos.


Con una de mis manos, agarré sus huevos, tensos, y comencé a masajearlos, justo en el momento en el que mi lengua comenzó a recorrer el perfil izquierdo de su erección de la base a la punta; de la punta a la base…. Y después el perfil derecho… un leve gemido escapado de sus labios, junto con el deseo animal que despertaban sus ojos clavados fijamente en mí, me indicaba que esto también era lo que él quería. Otra gota de mi saliva cayó sobre su glande y esta vez la esparcí con la mano sobre su longitud, sin dejar de mirarle. Jadee, al sentir como se tensaban sus dobleces a mi paso.


Podía notar como mis muslos se mojaban a medida que le daba más placer. Posé mis labios sobre su corona, acaricié con la lengua su glande y después me la introdujé de golpe en la boca.


Hasta el fondo de mi garganta. Me detuve, le miré; entreabría la boca y comencé a mecer su rabo sobre mis labios. Tensé la piel de mi entrada y procuré la caricia de mis dientes, mientras hacía salir su polla de mí boca, para después volver a entrar en ella, ante la caricia condensada de mi lengua. Mi mano derecha, jugaba con sus huevos, mientras la izquierda apoyada sobre su ombligo jugaba con él. Jadeaba cada vez que mis labios tensos ventoseaban sus dobleces. Jadeos entrelazados, con los choques de su rabo sobre mi campanilla. Lento, suave… despacio. Movía la cadera ligeramente buscando profundidad, mientras yo se la daba tal cuál él deseaba. Su ritmo marcaba el movimiento de mi boca que iba acelerándose.




Sentía como la tensión de sus venas, marcaba surcos en mis labios carnosos. Dentro y fuera, una y otra vez. Sujetó mi cabeza por el pelo, y comenzó a ser él, quién me follase la boca desde la cadera. Me la metía tan dentro que era difícil reprimir la arcada; me encanta la sensación de sentirme ahogada y llena por un buen rabo caliente, y él debió darse cuenta rápido, se lo contarían mis ojos que no dejaban de mirarle mientras me la metía cada vez más rápido hasta la garganta. Ahogaba gemidos sordos sobre su piel, mientras él, completamente perdido en su excitación me follaba sin tregua. Podía sentir como los movimientos y la dureza iban acelerándose,y sabía que el final estaba cerca, justo cuándo sentí como su leche caliente se derramaba por mi boca y mi garganta. Sólo entonces detuvo el baile de su cadera sobre mis labios.

Pero ahí, justo cuándo estaba perdiéndose, fui yo la que comencé a mover su rabo sobre mi boca, para alargar el orgasmo. Gimió, una y otra vez, corriéndose a borbotones sobre mi lengua y mi garganta, sin perder de vista como su semen se derramaba entre mis labios y mi cara y como yo bebía para él… le bebía a él…



Cuándo hubo terminado, me agarró el rostro con las dos manos y me acercó a su cara, me besó, bebiéndose a sí mismo, mientras su lengua barría mi boca. Estaba exhausto y yo completamente excitada. Me levantó un poco más, en vilo. Y colocó mi cuerpo sobre su cara. Apoyada sobre las rodillas, mis muslos flanqueaban su cabeza. Gemí cuándo me susurró:

-                   -    Justo como más me gustan los coños, excitados.




Comenzó a lamer mi clítoris, mientras uno de sus dedos jugaba con mi entrada trasera. Sentía como su aliento se abría paso entre mis labios, empapados de la excitación. Su lengua comenzó a oscilar por cada uno de los rincones de mi coño, recreándose en mi vagina, haciendo círculos sobre ella, los mismos círculos, que su dedo hacía en mi trasero.


Jadee de forma constante, mientras veía como mis pezones se endurecían por momentos.  Me penetró a dúo, coño y trasero, para luego comenzar a moverse al mismo ritmo en ambos rincones. Grité del gusto, mientras él no dejaba de follarme con lengua y dedo. Baile sobre mis rodillas sobre su cabeza, justo antes de que agarrase con ambas manos mi cintura y me empujase a dejarme caer sobre su cara. Sentí como su lengua se metió hasta el fondo, sin dejar de moverla sobre mis paredes contraídas de gusto.




De nuevo su dedo comenzó a follar mi entrada trasera, mientras yo me movía ligeramente sobre él. Su lengua ávida, no dejó ningún rincón de mi vagina sin mimar. Gemía sobre él, sin importarme nada ni nadie, mientras él, no dejaba de jugar dentro de mí. Me dilataba suavemente, manteniendo el ritmo oscilante;  hasta que introdujo un segundo dedo en mi trasero, ahí aceleró el vaivén en todo mi cuerpo, hasta que me corrí en su cara, con su lengua en mi coño y sus manos en mi trasero, entre suaves gemidos de placer. 


Me dejé caer sobre él... me temblaba todo el cuerpo. Una vez más, fue él, quién sujetándome por la cadera, y tras comerse cada uno de mis fluidos corporales, me apartó de él y me dejó caer a su lado en la arena. Quedamos exhaustos boca arriba y bañados bajo la luz de la Luna. El mar a nuestro lado, era el vigilante de dos respiraciones aceleradas. Se giró hacia mí y sujetándome la cadera comenzó a besarme, suave, dulce, tranquilo. En ése momento intuí, que la noche no había hecho más que empezar para los dos...

martes, 26 de abril de 2016

Gracias...

Simplemente me cansé...
Y enormemente gracias...
Una vez más....
Ha sido un placer contar con vosotros...
Hasta la próxima... que seguro que la habrá o eso quiero creer...