En cada rincón...un submundo...

lunes, 1 de agosto de 2016

Noche de verano...

No sé si es porque estaba indignada, cabreada o ambas cosas, o tal vez porque había perdido dos días de mis vacaciones para nada, pero mi cuerpo me pedía guerra, a pesar de los días tontos que había tenido.

Me puse mi vestido rojo, el del escote pronunciado, y que me llega dos palmos sobre la rodilla y salí de casa, con mis tacones y mi bolso. No perdí demasiado tiempo en arreglarme, carmín rojo en los labios y ganas de sexo en la sangre son una combinación perfecta. El pelo al aire.



Sólo anduve unos cuántos metros, cuándo ya encontré el primer garito abierto. No suelo moverme por la zona dónde vivo ahora, más por la que trabajo, así que esto iba a ser una novedad. Me acerqué a la barra y me pedí un mojito. Antes de darme cuenta, había empezado un tonteo con el camarero que tuvo que frenar su jefe.  Me molestó la actitud de su jefe y salí de allí, con cierto aire de enfado e incomprensión, no sin antes recibir una nota con el teléfono del barman, que tiré según crucé la puerta del local. Estaba claro que no era mi noche.

Caminé durante un buen rato por el paseo, los bares se agolpaban a la derecha y el mar a la izquierda. Era extraño, pero si en principio la idea era perderme de copas, ahora el mar me atraía mucho más. Me quité los tacones los agarré con la mano y me perdí hacia la playa. Me relajaba mucho el sonido del mar. Apenas había nadie caminando, varias parejas, que he de advertir, a estas alturas de mi vida me dan cierta envidia, y nadie más. Durante un rato, anduve yo sola, caminando, mientras el agua me mojaba los pies.

A  lo lejos una silueta se dibujaba en la distancia tumbada en el suelo. Me acerqué despacio, pareciera que estaba desierto, y sentí un pequeño escalofrío que me endureció los pezones. Pero continué mi camino. Según iba acercándome la silueta iba tomando forma, un cuerpo masculino desnudo se retrataba sobre la luz del horizonte. Estaba completamente desnudo. Era un cuerpo moreno, de un hombre alto. Él se acariciaba la polla, evidentemente dura,  mientras yo me aproximaba, no tardé en intuir qué estaba haciendo y un escalofrío, pero esta vez de excitación recorrió mi cuerpo.  Yo quería sexo y obviamente él  también.



Me acerqué... por mi posición hubiese podido evitarlo, pero no quise. Me atraía como los mosquitos a la luz. No me importaba ni el cómo ni el porqué, pero necesitaba aprovechar esta noche como fuera. Un “hola” fue el preludio a que sus ojos me recorrieran de cabeza a pies. Detuvo el vaivén incesante de su mano sobre su polla, mientras me recorría de arriba abajo. Entreví en su mirada profunda y con la luz de la Luna como reflejo, el verdor de unos ojos ansiosos. Otro “hola”, escapado esta vez de sus labios carnosos, contrajo mis muslos y mi vagina. Notó rápidamente la reacción que había provocado en mí. Quería follármelo, allí mismo. Me saqué el vestido frente a él. Comenzó a masturbarse de nuevo, mientras me observaba atentamente. Su lengua recorría sus labios, cuándo dejé mis pechos, duros y excitados completamente al aire. Me saqué el tanga apresuradamente. Probablemente él pensaba que era afortunado, pero con mi carácter extraño de la noche, la afortunada era yo. Más de una vez he contado la manera en que concibo el sexo como descargo de adrenalina.

Con un gesto de su mano, la que tenía libre, me lo pidió. Se lo llevó a la nariz, aspirando profundamente. Pude sentir como el olor de mis instintos más primarios invadía sus pulmones hasta lo más profundo. No dejó de mirarme ni un sólo segundo mientras se llenaba de mi olor y con la cabeza me indicaba que me acercase a él. Soltó el tanga en la arena, mientras me forzó a ponerme de rodillas entre sus piernas. Yo esperaba el sonido de su voz. Sabía que era una locura, pero si algo he aprendido con el tiempo, es que estas locuras son la sal de la vida.

-       -    ¿Qué te apetece nena?

Ésa frase contrajo todo mi cuerpo, completamente desnudo y de rodillas entre sus muslos. Sólo pude dejar salir de mi boca, lo que anhelaba en ése preciso instante, que no era otra cosa que

-        -     Hacerte la mejor mamada que te hayan hecho jamás.

Sonrió, no contestó. Sólo dejó caer el peso de su cuerpo sobre su espalda y abrió un poco más sus piernas. Agaché mi barbilla a su rabo, mientras dejé salir una gota de mi saliva sobre la punta de su polla. Lentamente, exhalé mi aliento sobre ella, mientras saqué la lengua dando suaves lametones sobre su glande. Rápidos, ansiosos.


Con una de mis manos, agarré sus huevos, tensos, y comencé a masajearlos, justo en el momento en el que mi lengua comenzó a recorrer el perfil izquierdo de su erección de la base a la punta; de la punta a la base…. Y después el perfil derecho… un leve gemido escapado de sus labios, junto con el deseo animal que despertaban sus ojos clavados fijamente en mí, me indicaba que esto también era lo que él quería. Otra gota de mi saliva cayó sobre su glande y esta vez la esparcí con la mano sobre su longitud, sin dejar de mirarle. Jadee, al sentir como se tensaban sus dobleces a mi paso.


Podía notar como mis muslos se mojaban a medida que le daba más placer. Posé mis labios sobre su corona, acaricié con la lengua su glande y después me la introdujé de golpe en la boca.


Hasta el fondo de mi garganta. Me detuve, le miré; entreabría la boca y comencé a mecer su rabo sobre mis labios. Tensé la piel de mi entrada y procuré la caricia de mis dientes, mientras hacía salir su polla de mí boca, para después volver a entrar en ella, ante la caricia condensada de mi lengua. Mi mano derecha, jugaba con sus huevos, mientras la izquierda apoyada sobre su ombligo jugaba con él. Jadeaba cada vez que mis labios tensos ventoseaban sus dobleces. Jadeos entrelazados, con los choques de su rabo sobre mi campanilla. Lento, suave… despacio. Movía la cadera ligeramente buscando profundidad, mientras yo se la daba tal cuál él deseaba. Su ritmo marcaba el movimiento de mi boca que iba acelerándose.




Sentía como la tensión de sus venas, marcaba surcos en mis labios carnosos. Dentro y fuera, una y otra vez. Sujetó mi cabeza por el pelo, y comenzó a ser él, quién me follase la boca desde la cadera. Me la metía tan dentro que era difícil reprimir la arcada; me encanta la sensación de sentirme ahogada y llena por un buen rabo caliente, y él debió darse cuenta rápido, se lo contarían mis ojos que no dejaban de mirarle mientras me la metía cada vez más rápido hasta la garganta. Ahogaba gemidos sordos sobre su piel, mientras él, completamente perdido en su excitación me follaba sin tregua. Podía sentir como los movimientos y la dureza iban acelerándose,y sabía que el final estaba cerca, justo cuándo sentí como su leche caliente se derramaba por mi boca y mi garganta. Sólo entonces detuvo el baile de su cadera sobre mis labios.

Pero ahí, justo cuándo estaba perdiéndose, fui yo la que comencé a mover su rabo sobre mi boca, para alargar el orgasmo. Gimió, una y otra vez, corriéndose a borbotones sobre mi lengua y mi garganta, sin perder de vista como su semen se derramaba entre mis labios y mi cara y como yo bebía para él… le bebía a él…



Cuándo hubo terminado, me agarró el rostro con las dos manos y me acercó a su cara, me besó, bebiéndose a sí mismo, mientras su lengua barría mi boca. Estaba exhausto y yo completamente excitada. Me levantó un poco más, en vilo. Y colocó mi cuerpo sobre su cara. Apoyada sobre las rodillas, mis muslos flanqueaban su cabeza. Gemí cuándo me susurró:

-                   -    Justo como más me gustan los coños, excitados.




Comenzó a lamer mi clítoris, mientras uno de sus dedos jugaba con mi entrada trasera. Sentía como su aliento se abría paso entre mis labios, empapados de la excitación. Su lengua comenzó a oscilar por cada uno de los rincones de mi coño, recreándose en mi vagina, haciendo círculos sobre ella, los mismos círculos, que su dedo hacía en mi trasero.


Jadee de forma constante, mientras veía como mis pezones se endurecían por momentos.  Me penetró a dúo, coño y trasero, para luego comenzar a moverse al mismo ritmo en ambos rincones. Grité del gusto, mientras él no dejaba de follarme con lengua y dedo. Baile sobre mis rodillas sobre su cabeza, justo antes de que agarrase con ambas manos mi cintura y me empujase a dejarme caer sobre su cara. Sentí como su lengua se metió hasta el fondo, sin dejar de moverla sobre mis paredes contraídas de gusto.




De nuevo su dedo comenzó a follar mi entrada trasera, mientras yo me movía ligeramente sobre él. Su lengua ávida, no dejó ningún rincón de mi vagina sin mimar. Gemía sobre él, sin importarme nada ni nadie, mientras él, no dejaba de jugar dentro de mí. Me dilataba suavemente, manteniendo el ritmo oscilante;  hasta que introdujo un segundo dedo en mi trasero, ahí aceleró el vaivén en todo mi cuerpo, hasta que me corrí en su cara, con su lengua en mi coño y sus manos en mi trasero, entre suaves gemidos de placer. 


Me dejé caer sobre él... me temblaba todo el cuerpo. Una vez más, fue él, quién sujetándome por la cadera, y tras comerse cada uno de mis fluidos corporales, me apartó de él y me dejó caer a su lado en la arena. Quedamos exhaustos boca arriba y bañados bajo la luz de la Luna. El mar a nuestro lado, era el vigilante de dos respiraciones aceleradas. Se giró hacia mí y sujetándome la cadera comenzó a besarme, suave, dulce, tranquilo. En ése momento intuí, que la noche no había hecho más que empezar para los dos...

martes, 26 de abril de 2016

Gracias...

Simplemente me cansé...
Y enormemente gracias...
Una vez más....
Ha sido un placer contar con vosotros...
Hasta la próxima... que seguro que la habrá o eso quiero creer...